Vivamos nuestros convenios

    Vivamos nuestros convenios
    Si somos miembros de la Iglesia significa que se ha llevado a cabo en nosotros un cambio. Fuimos bendecidos con la oportunidad de tener un amigo o un par de misioneros o misioneras, que llegaron a nuestro hogar con algo que no pensamos que tendría tanto impacto en nuestras vidas, el evangelio de Jesucristo.
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    Un sentimiento de fe, un deseo de cambiar, de arrepentirnos fueron los primeros frutos de ese mensaje, seguido por un deseo de entrar en las aguas de bautismo, “como muestra de que hemos entrado en la senda”[i].

    Por medio de la ordenanza del bautismo hicimos convenios con nuestro Padre Celestial, de que estábamos dispuestos a “llorar con los que lloran,….y ser testigo de Dios en todo momento”[ii], y vivir de acuerdo a las leyes y ordenanzas del evangelio. Es muy común pensar que por habernos bautizados ya quedo hecho todo, que hemos llegado a la meta, cuando en realidad los convenios realizados mediante la ordenanza del bautismo son solo la “puerta por la que debemos entrar”[iii].

    Conocí el evangelio junto a mi familia en Barahona. Los misioneros llegaron un día a nuestra casa, tenía 11 años. Quede de alguna manera encantado con lo que nos enseñaban. No recuerdo ahora mismo con claridad cada uno de mis sentimientos, lo que sí les puedo decir que me gustaba lo que nos enseñaban, nos sentíamos muy bien, ellos trajeron un espíritu muy especial a nuestro hogar. Así que cuando los misioneros extendieron la invitación a bautizarnos, no dude, acepté y entré a las aguas del bautismo junto a mi madre. Así entre en la senda, realicé mis convenios bautismales con el Señor.

    Hay otros importantes convenios que siguen a los del bautismo, como lo son los del sacerdocio de Aarón y el sacerdocio de Melquisedec. Una vez pasado un año siendo miembros de la Iglesia podemos llegar hasta el templo y allí realizar los convenios del templo, incluyendo el matrimonio y el sellamiento junto a nuestra familia por esta vida y por la eternidad. Las bendiciones prometidas ante la obediencia de estos convenios son de una magnitud eterna.

    La guía de estudio de las escrituras nos enseña lo siguiente sobre los convenios:

    “Un convenio es un acuerdo sagrado entre Dios y una persona o un grupo de personas. Dios fija condiciones específicas y promete bendecirnos si obedecemos esas condiciones”.

    Hay convenios que han sido establecidos por El Señor que no necesariamente se derivan de la realización de una ordenanza, como es el caso de guardar el día de reposo (Éxodo 31:16).

    Hay otras responsabilidades también que llegarán a nosotros como miembros de la Iglesia, que aunque no se derivan de una ordenanza nos traerán grandes bendiciones, como la oportunidad de tener llamamientos, servir una misión, cumplir con la ley del diezmo y del ayuno y las ofrendas, para mencionar algunas.

    El guardar los mandamientos, ser fiel a los convenios que hemos hecho con nuestro Padre Celestial es la manera más significativa de mostrarle nuestro amor, tanto a Él como a Jesucristo. Al moldear nuestra vida de acuerdo a estos convenios lograremos superar las debilidades de este mundo, enfilar nuestras vidas, así como la de nuestras familias, hacia una más profunda comunión con Dios.

    El Salvador declaró “si me amáis guardad mis mandamientos”[iv].

    Samuel le recordó a Saúl “…ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios…”[v].

    La Presidencia del Área Caribe ha invitado a todos los miembros a que “Seamos Más Convertidos”[vi], al guardar los convenios que hemos hecho con el Señor. Una conversión más profunda será manifiesta a través de la firmeza con la que vivamos cada uno de los convenios que hemos realizado con Él.

    Hermanos vivamos de acuerdo a nuestros convenios, no seamos llevados por las olas del mar de un lado a otro[vii]. Esforcémonos por alcanzar “la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”[viii], para que lleguen los tiempos de refrigerios[ix] que Pedro anunció a aquellos que le escuchaban fuera del templo.

    El Salvador dijo “estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz”[x]. No hay mayor paz que aquella que viene de vivir dentro de Su evangelio. Que el Señor nos bendiga a medida que busquemos vivir cada día de acuerdo a lo que hemos convenido con Él.

     


    [i] 2 Nefi 31:18

    [ii] Mosíah 18:9

    [iii] 2 Nefi 31:17

    [iv] Juan 14:15

    [v] 1 Samuel 15:22

    [vi] Visión del Área Caribe 2016

    [vii] Santiago 1:6

    [viii] Efesios 4:13

    [ix] Hechos 3:19

    [x] Juan 16:33