Trabajar más eficazmente con los misioneros para enseñar el arrepentimiento y bautizar conversos

    Trabajar más eficazmente con los misioneros para enseñar el arrepentimiento y bautizar conversos
    En La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días todos tenemos la oportunidad de participar en diferentes llamamientos que nos permiten servir a otras personas. En el último mensaje que Jesucristo dio a Sus apóstoles después de haber resucitado, les dijo: “Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, [a aquellos que creen] bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo” (véase Mateo 28:19).
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    Los Apóstoles comprendieron bien la importancia de este mensaje, y comenzaron a difundir el Evangelio por todo el Oriente Medio. Desafortunadamente, las mismas personas que crucificaron a Jesucristo también persiguieron a Sus apóstoles y los mataron, lo que resultó en la era de  oscuridad conocida como la apostasía.

    La apostasía dio lugar a que muchas personas interpretan el Evangelio a su propia manera o de acuerdo a su propia comprensión; y luego, en 1820, un joven decidió buscar la verdadera Iglesia. En respuesta a sus oraciones, nuestro Padre Celestial y Jesucristo se le aparecieron. ¡Ese fue el comienzo de la restauración!

    La misma instrucción dada en la antigüedad por Jesucristo con respecto a la obra misional se vuelve mucho más importante para nosotros hoy en día. Él dijo: “Y si acontece que trabajáis todos vuestros días proclamando el arrepentimiento a este pueblo y me traéis aun cuando fuere una sola alma ¡cuán grande será vuestro gozo con ella en el reino de mi Padre!” (Doctrina y Convenios 18:15).

    Este mandamiento motiva a hombres jóvenes (y mujeres jóvenes si lo desean), e incluso a matrimonios mayores a dejar sus casas por 24 o 18 meses, como misioneros de tiempo completo, para predicar el mismo Evangelio y traer almas a Cristo. Este deber no lo pueden cumplir por sí solos. Los misioneros necesitan la ayuda de todos los miembros. Es muy sencillo, podemos comenzar sonriendo a un amigo que visita la Iglesia o darle una cálida bienvenida. Podemos invitar a los misioneros a enseñarles a nuestros amigos en nuestra casa, y también testificar del Evangelio a nuestros amigos. Al vivir una vida ejemplar, nos esforzamos para ser una luz para los demás.

    Aquellos de ustedes que son misioneros de tiempo completo, al vivir una vida recta serán un ejemplo para aquellos que buscan la verdad, y el Espíritu los llevará a los que están listos para recibir el Evangelio. Estas personas estarán contentos de recibir respuestas a las preguntas que han tenido durante mucho tiempo, y juntos se regocijarán en el Evangelio de Jesucristo. Recuerden que “Adán cayó para que los hombres existiesen; y existen los hombres para que tengan gozo” (2 Nefi 2:25).

    Quiero compartir con ustedes la historia de una hermana cuyo ejemplo y atención son extraordinarios. Cuando yo estaba recibiendo las lecciones misionales había una hermana (una ex misionera) que asistió a todas las lecciones conmigo. Una vez ella vino con lo que llamamos  “Etoile” (anterior a la revista Liahona). Después de la lección misional leíamos juntos un mensaje de la revista. Este mensaje fue tan edificante que le pregunté a la hermana si podía darme su ejemplar de la revista. Recuerdo cuán agradecido estaba cuando ella me dio su Etoile. Luego, cuando fui a devolverle su revista, le hice saber que no la había terminado de leer todavía. Ella dijo: “¡Oh, no, sígala teniendo!”. Yo estaba muy sorprendido de que ella me diera algo tan valioso. Ella me dijo entonces que esta revista se publicaba todos los meses. ¡Esa fue una buena noticia para mí! Se despertó en mí un deseo de aprender más; y hasta hoy en día todavía existe. Mis queridos hermanos y hermanas, ¡recuerden que la Iglesia tiene muchas maneras para que participemos en esta obra!

    Cada vez que traigamos a nuestros amigos a la Iglesia ¡damos una oportunidad al Cielo para que se regocije! Como dijo Jesucristo: “Así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente” (Lucas 15:10). A nosotros se nos invita ahora y siempre a hacer todo lo posible para participar plenamente en esta gran obra.

    Sé que Su obra y Su gloria es: “Llevar a cabo a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39). Sé que Jesucristo vive. Que Él murió y vive otra vez. Dedico todo mi ser para ser un instrumento en Sus manos para que me utilice como Él lo desee. Sé que el Libro de Mormón es verdadero. Sé que José Smith fue un profeta verdadero.