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Si lo sobrellevas bien

Si lo sobrellevas bien
En nuestra vida diaria todos experimentamos adversidades. Los problemas que enfrentamos pueden incluir quebrantos de salud física o mental, pérdida de seres queridos, angustias económicas por las deudas o falta de un empleo adecuado, decisiones por tomar en cuanto a estudios, domicilio, etc. Incluso hay ocasiones en las que no podemos identificar su causa. Son muchos sus orígenes e indudable su compañía a lo largo de esta travesía mortal. Por lo tanto, podemos asumir que la adversidad tiene un rol importante en el Plan de Salvación. ¿Cuál será?
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El Élder Neal A. Maxwell, quien fue miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, hizo referencia en una ocasión a lo que llamó los tres niveles del sufrimiento humano. Esto añade perspectiva a las razones por las que pasamos adversidad. El primer nivel se debe a eventos normales en nuestra vida. Por ejemplo, según envejecemos, eventualmente llegamos a un estado en el que a la mayoría de nosotros nos duelen las extremidades. Este dolor no es a consecuencia necesariamente de algo que hicimos mal. Aunque este sufrimiento puede ser considerable, lo aceptamos como parte normal de la vida.

El segundo nivel de sufrimiento sí es a consecuencia de actos que cometimos durante nuestra vida.  A manera de ejemplo, se puede desarrollar algún tipo de enfermedad pulmonar asociada a un fuerte hábito de fumar. Esta condición no es parte normal de la vida ni del envejecimiento. En gran medida, nosotros nos buscamos este padecimiento.

El tercer nivel de sufrimiento no es debido a los procesos normales de la vida, ni tampoco surge de algo que es culpa nuestra o que nosotros ocasionamos.

Ejemplos de este tercer nivel de sufrimiento son casos como cuando uno es acusado ante la justicia mediante falsos testimonios; padecimientos ocasionados por las acciones de otros y enfermedades serias de origen hereditario o inesperado. Estos pueden conducir a la  desesperación y el desánimo, al no entender por qué suceden. Debemos estar firmemente anclados en el evangelio de Jesucristo para, no solamente superar los efectos negativos de estos sufrimientos, sino de poder crecer, fortalecernos y continuar adelante con valor.

El Élder Maxwell lo cataloga como el nivel más elevado del sufrimiento, por los resultados que nos puede brindar. De los tres este es el que más puede ayudarnos a progresar para alcanzar un mayor desarrollo espiritual. Como le dijo el Salvador Jesucristo al profeta José Smith en la cárcel de Liberty en Missouri, “Hijo mío, paz a tu alma; tu adversidad y tus aflicciones no serán más que por un breve momento; y entonces, si lo sobrellevas bien, Dios te exaltará; triunfarás sobre todos tus enemigos”[1]. En otra revelación que el profeta recibió en aquel mismo horno de fuego refinador, el Señor le añadió,  “…entiende, hijo mío, que todas estas cosas te servirán de experiencia, y serán para tu bien. El Hijo del Hombre ha descendido debajo de todo ello. ¿Eres tú mayor que él?”[2]

En esos pasajes de Escrituras podemos ver que el Señor le indica a José Smith cuál es el propósito de la adversidad. En la Guía para el Estudio de las Escrituras también leemos sobre este tema y nos identifica tal propósito como que “…el hombre tendrá muchas experiencias que le conducirán al desarrollo espiritual y al progreso eterno si se vuelve al Señor”[3]. Esto es lo que quiere decir el término en la cita de la sección 121 de Doctrina y Convenios de “si lo sobrellevas bien.” Quiere decir que para poder perseverar hasta el fin en nuestro desarrollo y progreso espiritual eterno, debemos volvernos al Señor. Él siempre dirá presente para nosotros, en Su tiempo, si le buscamos, hacemos convenios con Él, los guardamos y perseveramos hasta el fin. Las recompensas finales serán el triunfar sobre nuestro enemigo y el alcanzar la exaltación.

Al enfrentar las adversidades, podemos hacerlo armados de conocimiento, ordenanzas y convenios del Evangelio de Jesucristo. La obediencia a estos nos da la fe en Jesucristo, que nos ayuda en nuestra salvación. Eso nos dará el poder de sobrellevarlas bien, con el resultado de que aprenderemos las lecciones de vida específicas y particulares que el Señor desea que aprendamos, pasaremos las experiencias que podemos compartir con otros en situaciones similares y daremos el ejemplo que necesitarán. En palabras del Élder Maxwell, no podremos quejarnos de que nuestra vida no es un jardín de rosas, si recordamos quién llevó la corona de espinas.[4]



[1] D. y C. 121:7-8

[2] D. y C. 122:7-8

[3] GEE, Adversidad

[4] Ensign, May 1987, 72