Saltar navegador principal

Recordar

Recordar
La obra y gloria de nuestro Padre Celestial y de Su Hijo Jesucristo es llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre. [1] Este principio tiene como punto de partida el gran amor que ambos tienen por cada uno de sus hijos e hijas. Es lo que llevó al Padre Celestial a desarrollar el gran plan de salvación, para poder ofrecer a Sus hijos espirituales la manera de volver a Su presencia por toda la eternidad. Como parte de dicho plan, el evangelio o doctrina de Jesucristo nos ilustra y enseña las cosas que debemos hacer precisamente para volver a la presencia de nuestro Padre Celestial y de Su Hijo, Jesucristo. Es la manera de alcanzar la vida eterna: hacernos acreedores del sacrificio expiatorio de Jesucristo.
Hugo-E-Martinez-140x170.jpg

Si nos desviamos de esa senda,  no nos convertiremos en quienes debemos ser para lograr recibir la salvación.[2] La senda es seguir el ejemplo de Jesucristo y hacer las obras que Él hizo.[3] En otras palabras, debemos ser la clase de hombre que Él es.[4] La mejor manera de no desviarnos de la senda y de seguir adelante por ese camino es el recordar. Podemos entender el porqué se nos indica que es la mejor palabra para los santos de los últimos días.

¿Qué es lo que recordamos? Recordamos de la senda que hemos caminado en nuestra vida y de las lecciones recibidas de muchas maneras.[5] Hacemos memoria de los mandamientos y ordenanzas de salvación que hemos recibido.[6] Nos acordamos de las pruebas que hemos experimentado, las cuales, aún acompañadas de aflicción, finalmente serán para nuestro bien.[7] En fin, nos enfocamos en atender Su voz y en hacer Su voluntad.[8]

Tenemos la gran promesa de que Dios nunca se olvidará de nosotros.[9] Esa gran promesa nos llena de fe y de esperanza en Él. Nos inspira a seguir adelante por el camino de la obediencia y la atención a Su voluntad, la cual se nos comunica por medio del Espíritu Santo. Ese compañero, que puede llegar a ser constante, nos alienta y nos edifica sobre principios de verdad, que testifican de que podremos alcanzar las prometidas bendiciones de Dios si no nos olvidamos, si no nos apartamos.

En mi oficina tengo algunos objetos que me recuerdan de aspectos importantes del Evangelio en mi vida:

  1. Una pequeña talladura en madera de la mujer samaritana en el pozo de Jacob. Me recuerda a Jesucristo en su rol como nuestro Salvador, quien otorga el don de Dios, o sea, la vida eterna, a los que le siguen y cumplen con Su evangelio. También nos ofrece el agua viva, un símbolo de Jesucristo mismo y sus enseñanzas. Todo esto viene por medio de su expiación.
  1. Un cuadro que me hizo mi hija Lyvia, el que representa un relato sobre un desastroso albañil con falta de previsión y de delegación. Me recuerda de mi relación con líderes de organizaciones auxiliares y del sacerdocio con los que sirvo y que debe ser a la manera del Señor.
  2. Una estatua de Jesucristo lleno de ternura, con la oveja perdida guarecida en sus brazos. Me instruye en cuanto al amor del Salvador por cada individuo y los esfuerzos inagotables que deben ser empleados en el rescate de las almas.
  3. Un modelo pequeño de un carretón de mano. Me recuerda de los sacrificios que fueron requeridos de los pioneros y también del hecho de que caminaron con gran fe al seguir la voluntad de Jesucristo,  manifestada por medio de profetas vivientes. También es un recordatorio de la obra que conlleva el preparar el camino para aquellos que caminarán por donde uno ya ha caminado.
  4. Una estatuilla de dos misioneros. Me hace recordar la devoción y el amor requeridos para predicar el evangelio restaurado de Jesucristo por medio del Espíritu Santo. Es el llamado del Salvador de salir a predicar y bendecir las familias de aquellos que están listos para Su mensaje.
  5. Múltiples fotos de mi familia. Me recuerdan la razón de nuestros esfuerzos por merecer las mayores bendiciones del evangelio de Jesucristo: el poder disfrutar de mi familia, generación tras generación, por tiempo y por la eternidad en la gloria celestial.

Que todo con lo que nos rodeamos pueda ayudarnos a recordar las palabras de vida, para que podamos acordarnos de cumplir con ellas y entonces poder alcanzar la exaltación.[10]

 


[1] Moisés 1:39

[2] Mosíah 4:7

[3] 3 Nefi 27:21

[4] 3 Nefi 27:27

[5] Deuteronomio 8:2, 5

[6] Deuteronomio 8:11

[7] Deuteronomio 8:16

[8] Deuteronomio 8:20

[9] Isaías 44:21

[10] 3 Nefi 15:1