“Pero yo y mi casa serviremos a Jehová”— Aprender a poner verdaderamente a Dios primero en nuestra vida

    “Pero yo y mi casa serviremos a Jehová”— Aprender a poner verdaderamente a Dios primero en nuestra vida
    Cuando era joven, asistí a una conferencia para la juventud con los miembros de nuestra estaca en Georgia central donde tuve la oportunidad de hablar en persona con un famoso médico y científico SUD. En su juventud se graduó de médico en la Universidad de Harvard. Poco antes de la conferencia para la juventud, había obtenido un doctorado en Salud Pública, también de Harvard, mientras trabajaba tiempo completo en un empleo muy demandante, con su esposa criando a 5 hijos, y sirviendo como primer consejero en una presidencia de estaca. Según recuerdo, ¡también se graduó como el primero de su clase en Harvard!
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    Le pregunté cómo lo hizo. Entre algunas de las cosas que mencionó, agregó: “… y nunca estudio los domingos”. ¡Eso me parecía sorprendente! Con todas las presiones que enfrentaba, ¿cómo podía dejar de lado sus asignaciones académicas en el día de reposo? Obviamente, requería de mucha disciplina y trabajo arduo los otros días, pero pude ver cómo él consideraba que las asignaciones académicas eran parte de a lo que debía renunciar en el día del Señor. Decidí hacer lo mismo, y desde ese momento, a los 15 años, nunca he hecho tareas escolares los domingos, aunque a veces ha sido difícil. El Señor me ha recompensado con muchas bendiciones académicas y de otro tipo, más allá de lo que hubiera deseado.

    Por supuesto, no hay una “regla” en la Iglesia en contra de estudiar los domingos. Cada persona y familia debe tomar sus propias decisiones en tales asuntos, pero esa es la “señal” que escogí como una de las maneras que demostraría a mi Padre Celestial que lo recuerdo a Él y a Su Hijo, y que estoy tratando de ponerlos a Ellos primero en mi vida. Leemos en la Biblia:

    “y santificad mis días de reposo, y sean una señal entre yo y vosotros, para que sepáis que yo soy Jehová vuestro Dios” (Ezequiel 20:20).

    En el antiguo Israel, luego de la muerte de Moisés, las personas habían expulsado a los habitantes de esa tierra y el Señor había dado a Israel su territorio; pero el pueblo de Israel fue tentado con las prácticas inicuas de quienes permanecieron en la tierra, desearon disfrutar de sus pecados y tomaron a sus mujeres jóvenes como esposas y a sus jóvenes como esposos, y adoptaron a sus dioses falsos.

    Poco antes de su muerte, Josué llamó a los líderes de Israel y les advirtió que el Dios que les había dado tantas victorias en la batalla, no toleraría los malos caminos que habían aceptado, sino que los destruiría en su momento. Anhelando la seguridad física y la salvación espiritual de Israel, Josué declaró:

    “… escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová. Entonces el pueblo respondió, y dijo: Nunca tal acontezca, que dejemos a Jehová para servir a otros dioses” (Josué 24:15-16).

    ¡Importa que sirvamos a Dios y lo pongamos en primer lugar en nuestra vida! De hecho, el primer mandamiento que dio Dios a Moisés en el monte fue:

    “Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre. No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxodo 20:2-3).

    Solo cuando Israel escogió guardar este primer mandamiento, estuvo preparado para el cuarto mandamiento:

    “Acuérdate del día del reposo para santificarlo. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no harás en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni el extranjero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo y lo santificó” (Éxodo 20:8-11).

    Creo que la clave para guardar el cuarto mandamiento: “Acuérdate del día del reposo para santificarlo” es el primer mandamiento: “No tendrás dioses ajenos delante de mí”.

    Guardamos santo el día de reposo cuando ponemos verdaderamente a Dios primero en nuestra vida, cuando todo el domingo hacemos esas cosas, tanto en el hogar como en la Iglesia, que llegan a ser una señal para Dios de que primero buscamos hacer Su voluntad, y dejamos de lado las cosas del mundo. Obviamente, esto incluye asistir a las reuniones de la Iglesia, tomar con meditación la Santa Cena y prestar servicio a los demás de manera apropiada. Esperamos que cada familia se reúna en consejo y decida qué actividades seguirá y cuáles no en el día de reposo.

    Una de las cosas más increíbles y poderosas del día de reposo es que se puede guardar con más facilidad en familia. Aunque una persona puede determinar cómo adorará al Señor en Su día, es más fácil y efectivo cuando toda la familia analiza y decide esas cosas en conjunto, y luego ayuda a cada uno a vivir según las pautas que adoptaron. La fe crece cuando las familias se fortalecen mutuamente.

    El élder M. Russell Ballard dijo en la capacitación de abril de 2015: “Nuestro deseo es que todos en la Iglesia centremos en el Señor nuestra adoración del día de reposo… sentimos que era urgente fortalecer la fe de las personas”.

    Testifico que si ponemos a Dios primero en nuestra vida en el día de reposo, estaremos mejor capacitados para ponerlo a Él y a Sus propósitos primero en los otros días. Si aprendemos a buscar primeramente el reino de Dios y su justicia, realmente “todas [las otras cosas necesarias] os serán añadidas” (Mateo 6:33).