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“No Temáis…No Está Aquí Porque Ha Resucitado”

“No Temáis…No Está Aquí Porque Ha Resucitado”
En este mes de abril celebramos la pascua y reflexionamos con reverencia y gratitud en la expiación de Jesucristo, la cual incluye la resurrección y confirma el triunfo sobre la muerte.  Fue el evento central de la historia humana.  Desde la creación del mundo, todos los profetas han enseñado la importancia crucial de este gran evento y su necesidad en las vidas de todo ser humano.  La doctrina de la Iglesia restaurada de Jesucristo nos enseña el porqué.
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Dios es nuestro Padre Celestial y nos ama.  Su obra y Su gloria es llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna de todos nosotros (Moisés 1:39).  Esa meta divina no se podría lograr sin darnos la oportunidad de ejercer nuestro albedrío y tomar nuestras propias decisiones para poder aprender a escoger lo bueno y rechazar lo malo.  Por esa razón se creó el mundo. Como parte del Gran Plan, Adán y Eva comieron del fruto prohibido, fueron desterrados de la presencia de Dios y llegaron a ser mortales. 

Fue una gran bendición para Adán y Eva ser mortales porque así pudieron empezar su aprendizaje al ejercer su albedrio.  Pero a la vez el ser mortales introdujo grandes desafíos, porque con la mortalidad vino la muerte – tanto la muerte física como la espiritual o la separación de la presencia de Dios.  Dios es perfecto, por lo tanto nadie que es imperfecto puede entrar en Su presencia.

Así, Adán y Eva y toda su posteridad estuvieron sujetos a la muerte física y espiritual definitiva, sin la manera de volver a la presencia de Dios.  Pero el Padre había previsto ese problema por lo que preparó a un Salvador para venir al mundo y redimirnos de esas dos muertes. ¿Cómo pudo hacerlo?    

La única manera de vencer la muerte espiritual era sufrir por los pecados de la humanidad.   El pecado siempre trae dolor y la ley de la justicia requiere que alguien pague su espantoso precio.  Alma preguntó a su hijo Coriantón, “¿Qué, supones tú que la misericordia puede robar a la justicia?  Te digo que no,…”.  Cristo, por medio de Su expiación, pagó el precio de nuestros pecados y satisfizo la ley de la justicia.  Como enseñó el Rey Benjamín,

Y he aquí, sufrirá tentaciones, y dolor en el cuerpo, hambre, sed y fatiga, aún más de lo que el hombre puede sufrir sin morir; pues he aquí, la sangre le brotará de cada poro, tan grande será su angustia por la iniquidad y abominaciones de su pueblo.  (Mosíah 3:7)

Cristo nos ha invitado a arrepentirnos de nuestros pecados para no tener que sufrir como Él ha sufrido, para que no sean nuestros

…padecimientos dolorosos; cuán dolorosos no lo sabes; cuán intensos no lo sabes; sí, cuán difíciles de aguantar no lo sabes.  Porque he aquí, yo, Dios, he padecido estas cosas por todos, para que no padezcan, si se arrepienten; … (D. y C. 19: 15-16)

También, Cristo venció la muerte física por medio de la resurrección.  El profeta Abinadí enseñó:

Y si Cristo no hubiese resucitado de los muertos, o si no hubiese roto las ligaduras de la muerte, para que el sepulcro no tuviera victoria, ni la muerte aguijón, no habría habido resurrección.  Mas hay una resurrección; por tanto, no hay victoria para el sepulcro, y el aguijón de la muerte es consumido en Cristo. (Mosíah 16:7-8)

Es por eso que celebramos la Pascua en memoria del gran sacrificio expiatorio y la resurrección del Señor Jesucristo.  Es por eso que nosotros podemos decir como dijo el ángel:

…No temáis…,porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, porque ha resucitado,… (Mateo 28:5-6)

Durante este mes de la Pascua, regocijémonos en el ministerio y en la misión de nuestro Salvador Jesucristo, y comprometámonos a seguirle y a cumplir Sus mandamientos.