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Las bendiciones del ayuno

Las bendiciones del ayuno
Quisiera compartir con ustedes tres bendiciones que cada uno de nosotros puede recibir al guardar fielmente la ley del ayuno. En pocas palabras, la ley del ayuno consiste en: 1) que no consumimos alimentos ni bebidas durante 24 horas, generalmente comenzando el sábado antes del primer domingo del mes; 2) que damos al obispo por lo menos el valor de los alimentos no consumidos a modo de ofrenda de ayuno, para que se utilice con el fin de cuidar de los necesitados; y 3) que asistimos a la reunión sacramental de ayuno y testimonio. Las siguientes son tres de las muchas bendiciones disponibles para todos.
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Bendición 1: Dar alivio a los necesitados

Poco después de que se me ordenó como diácono a la edad de 12 años, uno de nuestros líderes del Sacerdocio Aarónico reunió a los diáconos la mañana de un sábado antes del domingo de testimonio y nos dio una cantidad de sobres especiales que tenían nombres y direcciones. Nos explicó dónde estaban las casas de esos miembros y pidió a cada uno de nosotros que visitáramos a las personas de nuestra lista y que les invitáramos a contribuir con una ofrenda de ayuno. Nos mostró cómo llenar el registro y cómo recibir, entregar y dar cuenta del dinero.

Tengo que confesar que esa asignación fue un poco intimidante para mí, sobre todo al principio, pero la mayoría de los miembros nos recibieron amablemente y la mayoría dio alguna contribución, sin importar lo pequeña que fuera. No solamente fue mi primera experiencia tocando puertas, sino que también fue mi primera oportunidad de visitar a las personas en sus hogares, de representar al Señor y de recibir Su confianza y la de mis líderes.

Cuando yo tenía unos 14 años, en una fría tarde de domingo durante el invierno, mi papá y yo fuimos a visitar una choza desvencijada y rudimentaria en los bosques de la zona rural de Georgia. No se había pintado en muchos años y necesitaba muchas reparaciones. Mi padre no desistió aunque nadie abría tras sus repetidos y fuertes golpes en la puerta. Finalmente, desde la parte de atrás de la casa se escuchó una tenue y chirriante voz que nos decía que nos alejáramos. Debido a nuestra persistencia, una diminuta y encorvada silueta de mujer nos abrió la puerta solamente lo justo para vernos. Al poco rato pudimos entrar en la fría casa para preguntarle en cuanto a sus condiciones a esa pobre y anciana hermana, a quien se le había acabado tanto la leña para su estufa, como los alimentos y otros artículos de primera necesidad. Antes de que se terminara el día, mi padre había hecho los arreglos para que el obispo utilizara los fondos de las ofrendas de ayuno, con el fin de asegurarse de satisfacer las necesidades de la hermana y de que se le atendiera como era debido. Fue hermoso poder ayudar a aliviar el sufrimiento de esa querida hermana.

En la conferencia general de octubre de 2014, el obispo Dean M. Davies declaró: “El cuidado del pobre y del necesitado es una doctrina fundamental de la doctrina del Evangelio, y un elemento esencial en el eterno Plan de Salvación… La ley del ayuno es esencial en el plan del Señor para cuidar del pobre y del necesitado…Como seguidores del Salvador, tenemos la responsabilidad personal de cuidar del pobre y del necesitado”.

Al abstenernos de consumir alimentos y bebidas durante un día con el fin de bendecir a otras personas con nuestra ofrenda monetaria, podemos sentir el amor y la aprobación del Señor hacia nosotros, y el gozo de ayudar a aliviar el sufrimiento de los demás. Por supuesto que hay personas que son niños, que están enfermas o embarazadas, que amamantan a bebés o que por algún otro motivo no pueden participar de lleno en el ayuno. Con certeza, el Señor reconocerá lo que puedan hacer dentro de sus posibilidades.

Bendición 2: Fortaleza para vencer lo malo

En el folleto “Para la Fortaleza de la Juventud” leemos:

“Obedece la ley del ayuno, ayunando una vez al mes si tu salud lo permite… Ayuna con un propósito. Comienza y termina el ayuno con una oración, expresa gratitud y pide ayuda para las necesidades especiales que tú u otras personas puedan tener. Ayunar fortalecerá tu autodisciplina, te fortificará contra las tentaciones y traerá las bendiciones del Señor a tu vida” (Para la Fortaleza de la Juventud, “Los diezmos y las ofrendas”).

Todos nosotros sabemos que vivimos en un mundo en el que las tentaciones y las presiones para que pequemos nos atacan con agresividad. ¿Cómo podemos imaginar que seremos más fuertes que el mal si nunca hacemos las cosas difíciles que fortalecen nuestros músculos espirituales? En la conferencia general de abril de 2015, el élder D. Todd Christofferson señaló que vinimos a la Tierra para ser probados.

“¿Podríamos refrenar la carne a fin de que se convirtiera en el instrumento, en lugar del amo, del espíritu? ¿Se nos podrían confiar, por el tiempo y la eternidad, poderes divinos, incluso el poder para crear vida? ¿Venceríamos personalmente lo malo?”

A ustedes, mis queridos hermanos y hermanas, y particularmente a los jóvenes y a los jóvenes adultos solteros, les ruego que observen la ley del ayuno, ¡cada mes! Al hacerlo, le probarán a Dios, y se probarán a ustedes mismos, que son más fuertes que los deseos y los apetitos de su cuerpo, ¡aún más fuertes que su propia hambre! Probarán que tienen control sobre su cuerpo, que se les pueden confiar poderes divinos y, ¡que pueden vencer personalmente lo malo! Cada vez que ayunan, fortalecen su poder para hacerlo. Sin embargo, aquella persona que no practique la tarea de vencer las tentaciones del cuerpo, podría, demasiado tarde, darse cuenta de que no es lo suficientemente fuerte cuando se presenten “exigentes pruebas” de forma inesperada. Por supuesto que podemos arrepentirnos, pero no es un camino fácil. ¡Es mucho mejor prevenir que arrepentirse!

Bendición 3: Acceso al cielo

Me conmueven las dulces y sagradas promesas mencionadas por Isaías en cuanto al ayuno. En Isaías 58:6-12 leemos, entre otras cosas:

  • Tu salud se manifestará pronto
  • La gloria de Jehová será tu retaguardia [o protección]
  • Entonces invocarás, y te responderá Jehová; clamarás, y dirá él: Heme aquí
  • Jehová te guiará siempre
  • Los cimientos de generación en generación levantarás


Doy testimonio de que estas promesas son verdaderas. Al ayunar como se nos ha enseñado, sentimos el gozo de dar alivio a los necesitados; recibimos poder para resistir la tentación y vencer lo malo; y tenemos un mayor acceso al Señor a fin de recibir su guía y protección, junto con muchas otras bendiciones.


Ruego a cada uno de ustedes, mis amados hermanos y hermanas, que practiquen la ley del ayuno cada mes, comenzando el próximo domingo de ayuno. Les prometo que recibirán estas bendiciones del Señor.