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La senda hacia la vida eterna

La senda hacia la vida eterna
La decisión de seguir a Cristo debe ser para toda la vida. Una vez que hemos sentido el deseo de vivir Sus enseñanzas, de seguir Su ejemplo, de tomar sobre nosotros Su nombre y de buscar convertirnos en Sus verdaderos discípulos, hemos entrado por la senda que conduce a la vida eterna. 
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Este camino da inicio con el ejercicio de la fe, una vez que hemos recibido Su palabra y tomamos la decisión de entrar en las aguas del bautismo, tal como nos dice el profeta Nefi: 

 Y entonces os halláis en este estrecho y angosto camino que conduce a la vida eterna; sí, habéis entrado por la puerta; habéis obrado de acuerdo con los mandamientos del Padre y del Hijo; y habéis recibido el Espíritu Santo, que da testimonio del Padre y del Hijo, para que se cumpla la promesa hecha por él, que lo recibiríais si entrabais en la senda[1].

 Y entonces os halláis en este estrecho y angosto camino que conduce a la vida eterna; sí, habéis entrado por la puerta; habéis obrado de acuerdo con los mandamientos del Padre y del Hijo; y habéis recibido el Espíritu Santo, que da testimonio del Padre y del Hijo, para que se cumpla la promesa hecha por él, que lo recibiríais si entrabais en la senda

Una vez que ya estamos en este camino, ahí es donde comienza nuestra vida como miembros de la Iglesia, comenzamos con las ordenanzas sagradas como la participación semanal de la Santa Cena, para recordar los convenios que hemos hecho y la decisión que tomamos de seguirle y guardar Sus mandamientos. Comenzamos a servir en la Iglesia en diferentes asignaciones, nos relacionamos con otros miembros y empezamos a experimentar una fuerte presencia del Espíritu Santo en nuestras vidas, a medida que obedecemos los mandamientos y vivimos una vida cristiana.

En este camino, hacia la vida eterna, hemos de esperar que habrán pruebas y desafíos, muchas de ellas con la fuerza para poner en riesgo la nueva vida que hemos decidido llevar, por lo que Nefi continuó diciendo:

 Y ahora bien, amados hermanos míos, después de haber entrado en esta estrecha y angosta senda, quisiera preguntar si ya quedó hecho todo. He aquí, os digo que no; porque no habéis llegado hasta aquí sino por la palabra de Cristo, con fe inquebrantable en él, confiando íntegramente en los méritos de aquel que es poderoso para salvar[2].

Seguir a Cristo nos brindará la confianza y fortaleza espiritual que necesitaremos en esos momentos en que nuestra fe y nuestra nueva manera de vivir se vea amenazada por las vanidades de este mundo, por aquellos que están más cerca de nosotros o amistades que ahora rechazan nuestra nueva manera de vivir. Él nos ha prometido que aun en los momentos más difíciles Él estará ahí para “socorrernos”[3].

Las palabras finales, en estos versículos de Nefi, brindan una fuente de esperanza para esos momentos en que sintamos que nuestra fe se debilita:

Por tanto, debéis seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza y amor por Dios y por todos los hombres. Por tanto, si marcháis adelante, deleitándoos en la palabra de Cristo, y perseveráis hasta el fin, he aquí, así dice el Padre: Tendréis la vida eterna[4].

Por tanto, debéis seguir adelante con firmeza en Cristo, teniendo un fulgor perfecto de esperanza y amor por Dios y por todos los hombres. Por tanto, si marcháis adelante, deleitándoos en la palabra de Cristo, y perseveráis hasta el fin, he aquí, así dice el Padre: Tendréis la vida eterna

Años más adelante otro profeta, también llamado Nefi, nos enseñó en el Libro de Mormón lo siguiente:

“Sí, así vemos que la puerta del cielo está abierta para todos, sí, para todos los que quieran creer en el nombre de Jesucristo, que es el Hijo de Dios.

“Sí, así vemos que la puerta del cielo está abierta para todos, sí, para todos los que quieran creer en el nombre de Jesucristo, que es el Hijo de Dios.

Sí, vemos que todo aquel que quiera, puede asirse a la palabra de Dios, que es viva y poderosa, que partirá por medio toda la astucia, los lazos y las artimañas del diablo, y guiará al hombre de Cristo por un camino estrecho y angosto….

Sí, vemos que todo aquel que quiera, puede asirse a la palabra de Dios, que es viva y poderosa, que partirá por medio toda la astucia, los lazos y las artimañas del diablo, y guiará al hombre de Cristo por un camino estrecho y angosto….

Y depositará su alma, sí, su alma inmortal, a la diestra de Dios en el reino de los cielos, para sentarse con Abraham, con Isaac, y con Jacob, y con todos nuestros santos padres, para no salir más”[5].

Y depositará su alma, sí, su alma inmortal, a la diestra de Dios en el reino de los cielos, para sentarse con Abraham, con Isaac, y con Jacob, y con todos nuestros santos padres, para no salir más”

Mis queridos hermanos, a todos los que han estado en este camino por mucho tiempo, a los que acaban de entrar y aun a los que están a la puerta, les testifico que la decisión de seguir a Cristo ha sido la más importante en nuestras vidas y será la mayor fuente de gozo para nosotros y nuestra familia. Les invito a que permanezcamos firmes, no desmayemos. Seamos fieles en la oración, en la lectura de las escrituras, en la observancia de Su día de reposo, en la celebración de la noche de hogar, en el ayuno, en el servicio que prestamos en la Iglesia, y cuando el desánimo y las tentaciones se asomen, que el gozo de Su Espíritu y de las bendiciones que ya hemos recibido sean nuestro mayor testimonio de que estamos edificados sobre la roca, la cual es Cristo, y continuemos en la senda hasta el fin.

 Testifico que Él vive y ésta es Su Iglesia.  


[1] 2 Nefi 31:18

[2] 2 Nefi 31:19

[3] Alma 7:12

[4] 2 Nefi 31:20

[5] Helamán 3:28-30