La oración la vida es

    La oración la vida es
    En mi primer contacto con los misioneros, ellos me enseñaron la forma de orar y la realidad de que nuestro Padre Celestial contesta nuestras oraciones, al arrodillarme y pedir al Padre para saber si la Iglesia era verdadera, si el Libro de Mormón era la palabra de Dios y si José Smith fue un profeta, lo que sentí esa noche marcó mi vida para siempre, en ese momento fue cuando realmente reconocí que hay un Padre en los cielos y que está atento a nuestro clamor.
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    Qué especial es contar con un medio donde podemos derramar nuestras almas enteras suplicando a nuestro Dios. 

    Hace poco tiempo asistí a una reunión de ayuno y testimonio,  entre los hermanos que se pararon para compartir sus sentimientos del evangelio restaurado estaba una niña que había sido bautizada hacía pocos días, ella habló de su deseo de saber por sí misma acerca del Salvador y su Expiación,  nos dijo que oró una noche muy intensamente para que el Señor le ayudara, porque quería tener su propio testimonio de Él, mientras se intensificaba su oración, nos cuenta que un espíritu muy especial la envolvió y llenó su corazón y entre lágrimas y gozo siguió orando  porque no quería abrir sus ojos para que ese momento especial no pasara, entonces agradeció al Padre Celestial la oportunidad que le dio de tener  esa experiencia tan especial en su  vida.

    Dijo el Elder Richard L. Evans: ¨El propósito habitual de la oración no es que la utilicemos como si fuera la lámpara de Aladino con el fin de aliviar carga sin que tengamos que hacer ningún esfuerzo. El propósito de la oración no es el de pedir solamente, ni debe ser siempre como la mano extendida del mendigo. Muchas veces, el propósito de la oración es la de obtener la fortaleza necesaria para hacer lo que debemos, la sabiduría para encontrar la forma de resolver nuestros problemas y la habilidad para hacer nuestras tareas de la mejor forma posible”.

    Debemos orar pidiendo que podamos perseverar hasta el fin, pidiendo fe y entereza para enfrentar los problemas que se nos presentan en el día a día de nuestras vidas.  (D. y C. 10:5)

    A veces, cuando nuestras oraciones no se contestan en la forma deseada, pensamos que el Señor nos ha dejado de lado, o que nuestras oraciones fueron en vano, comenzamos a dudar de nuestra dignidad delante de Él, e incluso de la veracidad y el poder de la oración. Es en ese momento en el que debemos seguir orando con paciencia y fe, y tratando de escuchar la voz del Señor en nuestra mente trayéndonos paz. (1 Tesalonicenses 5:17)

    El Presidente Spencer W. Kimball declaró: “Se nos requiere que oremos, tal como se nos exige que guardemos cualquier otro mandamiento. La oración no es una actividad optativa; es fundamental en nuestra vida como Santos de los Últimos Días. Tenemos una seria obligación para con nuestro Señor. Ninguno de nosotros ha alcanzado la perfección. Ninguno está libre del error. La oración se nos requiere a todos, éste es también un mandamiento del Señor”. (D. y C. 19:28).

    Estimados hermanos, cuando nos allegamos al Señor con humildad y mansedumbre de corazón Él dará respuesta a nuestras oraciones.

    Les testifico con toda la fuerza de mi corazón lo agradecido que estoy al tener un medio por cual puedo comunicarme con mi Padre Celestial.  Sé que debemos permanecer en el ayuno y en la oración para alejarnos cada vez más de la influencia de Satanás en nuestras vidas. Que seamos constantes en nuestras súplicas a Dios, que podamos mantener en nuestras mentes y corazones una ferviente oración que nos traiga el consuelo y la paz que necesitamos para encontrar la sabia forma de resolver y encontrar soluciones a nuestros problemas. Como dijo el Joven Profeta Samuel: “…habla Jehová que tu siervo escucha”. (1Samuel 3:10)