Haced esto en memoria de mi

    Haced esto en memoria de mi
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    El antiguo Israel pasó grandes penurias en su tiempo de cautividad en Egipto. Jesucristo, el Hijo de Dios y Jehová del Antiguo Testamento, manifestó su infinito poder por medio de Su profeta Moisés. A éste le fueron otorgadas las llaves del recogimiento o liberación del pueblo de Israel  de este cautiverio. Plagas desastrosas fueron desplegadas sobre el pueblo egipcio a fin de que se doblegara a la voluntad de Jehová. La plaga final fue el heridor que mató a los primogénitos de Egipto. Las familias del pueblo de  Israel se salvaron de esta debacle al, cada una, sacrificar un cordero sin defecto, pintar los marcos de sus puertas con la sangre y consumirlo en su totalidad. El pueblo fue liberado y provisto de víveres y bienes para el viaje de parte del vencido imperio egipcio.

    En su rápida fuga de Egipto, el pueblo de Israel dejó de comer pan con levadura, por el tiempo que ello tomaba en su confección. Los panes sin levadura no crecen como aquéllos cuya masa es leudada. Para recordar anualmente esta liberación, se instituyó entre los israelitas la Fiesta de la Pascua. El primer día, un cordero blanco sin mancha ni defecto era sacrificado por cada familia y consumido en su totalidad. Luego comían pan sin levadura por siete días para recordar la apresurada salida de Egipto. La penuria de sus días en Egipto era recordada al acompañar estos panes con hierbas amargas. Jesucristo celebró la Fiesta de la Pascua con sus discípulos en el sitio preparado para ello en Jerusalén, la cual fue Su última cena como hombre en la tierra. En esos días ya les había anunciado Su muerte y posterior resurrección.

    Durante esta tradicional celebración de Pascua, nuestro Salvador Jesucristo instituyó la Santa Cena, para que Su pueblo recordase Su sacrificio y los convenios que nos permiten recibir perdón de nuestros pecados y progresar espiritualmente hacia la perfección.[i] También sirve para recordar que, con Su resurrección, triunfó sobre la muerte. Su tumba estaba vacía al tercer día cuando las mujeres fueron a completar las preparaciones tradicionales de los funerales de los judíos. Jesucristo venció la muerte y abrió el camino para que nosotros podamos vencer las dos muertes, la física y la espiritual.

    Hoy en día celebramos con suma reverencia la Santa Cena todos los domingos para recordar el sacrificio expiatorio de Jesucristo. Él dijo, “… haced esto en memoria de mí”.[ii] De esa manera renovamos y recordamos semanalmente nuestros convenios hechos a Jesucristo durante nuestro bautismo. Recordamos los convenios de que tomaríamos sobre nosotros Su nombre, le recordaríamos siempre y guardaríamos Sus mandamientos. La singular promesa es que siempre podríamos tener Su Espíritu con nosotros.[iii]

    Predicad Mi Evangelio (PME) señala, “Al ser bautizados y confirmados, los conversos hacen promesas sagradas de obedecer y de servir a Dios el resto de sus vidas, así como de prestar servicio a los demás. Se hacen candidatos a la salvación en el reino celestial”. [iv] Es importantísimo recordar estos convenios pactados con Jesucristo y actuar con diligencia. PME continúa diciendo, “Para recibir las bendiciones prometidas, deben perseverar hasta el fin en la fe en Jesucristo”.[v]

    En todo el mundo, la reunión más sagrada que se efectúa los domingos, en nuestros lugares de reunión, es la reunión sacramental. Se nos ha enseñado que, además de renovar nuestros convenios bautismales al participar de la Santa Cena, “otros propósitos de la reunión sacramental son adorar, proporcionar instrucción del Evangelio, efectuar ordenanzas, dirigir asuntos del barrio y fortalecer la fe y el testimonio”.[vi] La preparación de nuestros líderes y miembros para ayudar en la planificación y la ejecución de dicha reunión debe hacerse con entera devoción y diligencia. La plena participación activa de todos los presentes invita al Espíritu Santo lo que permite que se alcancen los propósitos señalados.

    Cuando servía como obispo en el barrio de Arecibo, Puerto Rico, mi esposa Nuria y yo teníamos cinco hijos pequeños: tres hembras y dos varones. Ellos eran bastante activos, por lo que en la reunión sacramental veía desde el púlpito con preocupación cuando mi esposa tenía que manejar a dos o tres de ellos en sus llantos, carreras, visitas al baño o gritos. Mi corazón se volcaba hacia ella por la constante tarea que era el poder manejarlos a todos. El presidente Thomas S. Monson dijo en una ocasión, con su fabuloso sentido del humor, que los niños son inquietos porque son “espíritus adultos en cuerpos pequeños”.[vii] Jesucristo dijo “… Dejad a los niños venir a mí y no les impidáis hacerlo, porque de los tales es el reino de los cielos.”[viii] Agradezco en gran manera por las madres y padres que traen a sus niños a la Iglesia. Ellos buscan la manera de que sus hijos puedan estar en la mejor situación posible. A veces salen al pasillo para apaciguar a su niño.

    Finalmente, comparto ocho aspectos de la reunión sacramental que considero importantes para asegurar que se cumplan sus propósitos exitosamente:

    1. El obispado planifica las reuniones sacramentales con antelación.
    2. Se debe ayudar a los discursantes a que preparen y practiquen  sus discursos con anterioridad a la reunión. Los discursantes deben respetar el tiempo asignado. El obispo puede indicar si hay algún cambio en el tiempo disponible antes de que hablen a la congregación.
    3. La música correcta invita el Espíritu Santo. Debe haber un preludio musical y de igual manera un postludio.
    4. La congregación debe participar en cantar los himnos. Los mismos deben ser seleccionados con anterioridad y por su relevancia con los temas designados.
    5. Debe haber un coro de barrio que cante por lo menos una vez al mes durante la reunión sacramental. Selecciones musicales especiales también invitan la presencia del Espíritu Santo a la reunión.
    6. Se debe proveer acompañamiento musical a los himnos ya sea que se toque el piano, preferiblemente en vivo, o por el uso de grabaciones.
    7. La reverencia debe ser activa, no pasiva.
    8. Nuestra vestimenta debe ser conservadora, modesta y apropiada según instruyan los líderes del sacerdocio.

    La celebración de reuniones sacramentales exitosas nos permitirá agradar y alabar a nuestro Señor Jesucristo de una forma que plenamente derramará bendiciones prometidas sobre los que participen dignamente de ellas. Nuestras vidas serán mejores al hacerlas en Su memoria y a Su manera porque nunca le olvidaremos y seremos llenos de Su luz.

     


    [i] Mateo 26:26-28

    [ii] Lucas 22:19

    [iii] D. y C. 20:77

    [iv] Predicad Mi Evangelio, pág. 231

    [v] Ibid

    [vi] Manual 2, 18.2.2

    [vii] Dicho en su mensaje en la primera Conferencia de estaca del Caribe en San Juan, Puerto Rico, enero de 2004.

    [viii] Mateo 19:14