El nuevo y sempiterno convenio del matrimonio

    El nuevo y sempiterno convenio del matrimonio
    Gamiette, Claude-140 x

    En la capacitación de abril de 2015 sobre la “Observancia del día de reposo en el hogar”, el élder David A. Bednar dijo: “El propósito básico de todo lo que enseñamos y de todo lo que hacemos en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es poner a disposición la autoridad del sacerdocio y las ordenanzas y convenios del Evangelio que permiten al hombre, a la mujer y a sus hijos ser sellados juntos y ser felices en el hogar”. Siguió al citar al presidente Boyd K. Packer: “Nuestro propósito principal… es unir a los padres y a los hijos en la fe en el Señor Jesucristo, que sean felices en el hogar, sellados en un matrimonio eterno, unidos a sus generaciones y con la seguridad de la exaltación en la presencia de nuestro Padre Celestial”.

     Los invito a que mediten Doctrina y Convenios 131:1-2: “En la gloria celestial hay tres cielos o grados; y para alcanzar el más alto, el hombre tiene que entrar en este orden del sacerdocio [es decir, el nuevo y sempiterno convenio del matrimonio]”. Entonces, ¿Qué es el nuevo y sempiterno convenio del matrimonio y dónde comienza?

    El camino al convenio

    Cuando a un hombre y a una mujer se les enseña el Evangelio y lo aceptan, ejercen fe en Cristo y se arrepienten de sus pecados entonces entran en el primer convenio que es el bautismo. Por medio del bautismo, efectuado por la debida autoridad del sacerdocio, y con la promesa de obedecer mandamientos específicos, ingresan en el camino hacia la vida eterna, que es la vida que Dios vive.

    Entonces, el bautismo es el primer paso que lleva a la exaltación. Es una invitación al templo para poder ser sellados un día y ser felices con alguien que ha entrado en el camino y ha mantenido los mismos convenios con su Dios. Las promesas de castidad, de honrar el día de reposo, de fidelidad en el pago del diezmo, entre otros, son los mandamientos para preparar a cada persona que comienza en el camino a la exaltación.

    El poder purificador que viene con el bautismo es esencial para preparar al hombre y a la mujer para ser dignos y estar preparados en todas las cosas, con el fin de entrar en la ordenanza más sagrada del matrimonio eterno. El bautismo y el sellamiento son entonces de la misma naturaleza, son las ordenanzas del Evangelio; una llama a la otra y una no puede pasar sin la primera.

    El servicio en el sacerdocio

    Luego del bautismo y de recibir el Espíritu Santo, que guiará al viajero en el camino al nuevo y sempiterno  convenio del matrimonio, el hombre entra en el juramento y convenio del sacerdocio y toma sobre sí la obligación sagrada del servicio, porque precisamente servicio es sinónimo de sacerdocio. La mujer también tiene la responsabilidad del servicio al prójimo.

    El rey Benjamín enseñó: “Y ahora bien, por causa de estas cosas que os he hablado —es decir, a fin de retener la remisión de vuestros pecados de día en día, para que andéis sin culpa ante Dios—, quisiera que de vuestros bienes dieseis al pobre, cada cual según lo que tuviere, tal como alimentar al hambriento, vestir al desnudo, visitar al enfermo, y ministrar para su alivio, tanto espiritual como temporalmente, según sus necesidades” (Mosíah 4:26).

    Luego de obtener la remisión de nuestros pecados, es el servicio fiel lo que nos conserva y mantiene limpios de la sangre de esta generación. Es en los incontables actos de visitas fieles a quienes necesitan consuelo, gentileza, o del sustento que damos, que nos transformamos y llenamos nuestro corazón de compasión y amor, lo cual nos ayuda a reconocer nuestras faltas y arrepentirnos de esos pecados.

    Si podemos servir a las personas necesitadas que son extrañas a nuestra familia, ¿seremos bondadosos con la nuestra? Si aprendemos a servir sin orgullo ni envidia, ¿tomaremos el tiempo para ser amables con nuestra esposa o esposo, o con nuestros hijos? Si enseñamos el Evangelio con amor a quienes visitamos, ¿enseñaremos entonces a nuestros hijos a leer las Escrituras, a orar y a servir? El servicio  es el segundo paso en la preparación a un matrimonio feliz. Al estar inmerso en el servicio de Dios he aprendido cómo servir y bendecir a mi familia.

    Consagración

    Entonces entramos al templo por más convenios que nos llevan a consagrarnos al Señor aún más plenamente. Cuando nos preparamos para el sagrado convenio del matrimonio, la fortaleza de nuestra relación con el Salvador, y de nuestra consagración a Su obra, llega a ser un ancla para nuestro espíritu que evitará que miremos a cualquier otro lugar diferente al de la vida eterna. Las tentaciones de este mundo perderán poder si realmente aprendemos a consagrar al Señor lo que somos y lo que queremos llegar a ser, y al establecimiento de Su reino.

    Sellamiento

    Ahora estamos preparándonos para establecer nuestro propio reino, nuestro reino eterno y nuestra familia. Estamos preparados para entrar en la última ordenanza del nuevo y sempiterno convenio, que es el matrimonio o el sellamiento.

    Al guardar fielmente cada paso, no solamente al entrar al convenio sino al guardar cada convenio que hemos hecho, el Santo Espíritu de la Promesa valida en el debido tiempo, basado en nuestra fidelidad, cada uno de esos convenios hechos y las bendiciones asociadas.

    Un hombre y una mujer que son fieles, están entonces colocando los cimientos para que su posteridad crezca en la verdad del Evangelio al guiarlos en el camino de los convenios.

    Nunca se rindan

    Algunos pueden pensar: “Nunca encontraré a la persona correcta” o “tengo mucha edad” o “me he divorciado”, o podrían considerar muchas otras circunstancias de la vida que hacen que este modelo parezca ideal, pero no realista para ellos personalmente. Por favor, no se rindan; ustedes están en el camino del “nuevo y sempiterno convenio del matrimonio” desde el momento de su bautismo, y al permanecer fieles a sus convenios, ellos los guiarán a las bendiciones que esperan.

    El bautismo es el primer paso hacia su matrimonio eterno, ya sea aquí o en el más allá. Manténganlo y sean fieles. Para quienes sienten estar perdiendo el amor (por su cónyuge), por favor fortalezcan ambos su relación con el Señor y no procuren cambiar a la otra persona, sino que pongan toda su energía en cambiarse ustedes mismos.

    Al hacerlo, semana tras semana, al renovar los convenios que han hecho y al ir al Señor por ayuda cada domingo cuando participan de la Santa Cena, pueden y recibirán la fortaleza que no sabían que existía.

    Él vive y los ama

    He aprendido que después de cada tormenta hay un cielo despejado al perseverar y venir a Cristo. Jóvenes y jóvenes adultos, mantengan el enfoque. Recuerden la ropa blanca que llevaban el día de su bautismo y esperen anhelosamente para vestirse de blanco en el templo de su Dios.

    Él los ama y ha restaurado Su Iglesia para que sean felices y se sellen a alguien que ama a Dios y a ustedes. Sean el tipo de persona que les gustaría encontrar. Creed en Dios; creed que él existe, y que creó todas las cosas (véase Mosíah 4:9). Él ha preparado el camino para nosotros para que andemos por el camino a los convenios y se nos corone con la vida eterna. Él vive, los ama, los conoce personalmente y puede ayudarlos a ser sellados y a ser felices juntos ahora y para siempre.