El Mejor Regalo en Navidad

    El Mejor Regalo en Navidad

    No existe mejor época del año que la Navidad, para que todos recordemos y nos comprometamos a seguir los principios que enseño Jesucristo, es un momento especial en que podemos manifestar que amamos al Señor con todo nuestro corazón y a nuestro prójimo como a nosotros mismos.

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    Al seguir Sus pasos, también dispondremos de la oportunidad de bendecir la vida de los demás. Jesús nos invita a dar de nosotros mismos: “He aquí, el Señor requiere el corazón y una mente bien dispuesta” (D. y C. 64:34).

    Al pensar en el espíritu de la Navidad, observemos y pensemos también en el Espíritu de Cristo, pues el espíritu de la Navidad es el Espíritu de Cristo, lo más importante al tener ese sentimiento es que desearemos compartir eso que sentimos con los demás.

    Algo realmente valioso que tenemos, y que sería un excelente regalo para compartir en este tiempo, es el Evangelio de Jesucristo. El Evangelio lo llevamos dentro de nosotros, podemos compartirlo en cualquier lugar, ya sea en el trabajo, en un vehículo camino al trabajo, en el supermercado o esperando un turno en el médico, etc. Solo hay que hablar sobre lo que tenemos en nuestro corazón, y que sabemos que es verdadero. Es importante que compartamos nuestro  testimonio de Jesucristo.

    La Navidad es la época en que el mundo cristiano celebra el nacimiento del Redentor del mundo, el Salvador de la humanidad, nos reunimos con la familia y amigos, preparamos exquisitos alimentos, nos vestimos de estreno, compartimos obsequios, tal como los reyes magos trajeron regalos al niño Jesús.  Y cuando entraron en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, le adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, e incienso y mirra.

    (Mateo 2:11)   Estos fueron los obsequios ideales para el Niño Dios en aquel momento, pero ¿Qué le vamos ofrecer al festejado hoy?   

     Una pregunta que todos debemos hacernos es: ¿A cuál de mis amigos o familiares invitaré y llevaré a la Iglesia durante este tiempo de la Navidad?  Ese será uno de los mejores regalos para Cristo.

    El presidente Monson enseñó: “Hermanos el mundo tiene necesidad de su ayuda. Hay pies que estabilizar, manos que aferrar, mentes que animar, corazones que inspirar y almas que salvar. Las bendiciones de la eternidad les aguardan. Tienen el privilegio de no ser espectadores sino participantes en el escenario del servicio del sacerdocio” (Liahona Julio 2001).

    “Dios está preparando a personas para recibir el testimonio de ustedes en cuanto a la verdad restaurada. Él necesita la fe de ustedes y, después, que hagan algo a fin de compartir sin temor lo que es tan valioso para ustedes y para sus seres queridos.

    Si ustedes hacen su parte, tendrán con mayor frecuencia la dulce experiencia de conocer a personas que estén preparadas para escuchar su testimonio de la verdad, ofrecido de corazón a corazón, del de ustedes al de ellos” (Élder Henry B. Eyring, Liahona septiembre 2012).

    Hace 27 años, cuando conocí la Iglesia, una vecina que era amiga y miembro de la Iglesia, decidió invitarme a su casa. Nos habíamos conocido por muchos años y sabía que ella pertenecía a una Iglesia, porque la veía salir los domingos y algunas veces llegaban los misioneros a visitarle y, a pesar de que conversábamos cada día, nunca recibí una invitación para ir con ella a la Iglesia. Sentía que estaba preparado para hacer convenios con el Señor, pero nadie me invitaba a  hacerlo. Cuando por fin recibí la invitación de asistir a una clase de instituto y luego a la Iglesia un domingo, se inició el proceso de la conversión en mi vida.

    A pesar de que la mayor parte de mi familia cercana pertenecían a otras iglesias, no dudé en mi corazón cuando empecé a leer el Libro de Mormón de que era la palabra de Dios. Al sentir en mi corazón la verdad de lo que se estaba enseñando mi fe me llevo a tomar la decisión de querer ser bautizado un 19 de octubre del año 1989. La mejor decisión en ese momento de mi vida que pude haber tomado, todo gracias a una amiga que un día decidió seguir el consejo de los profetas de abrir la boca para invitar a escuchar el mensaje del evangelio restaurado.

    Quizás en ese momento, ninguno de los dos nos dimos cuenta del impacto que tenía el evangelio en la vida de una persona cuando ésta se prepara para recibir el mensaje, como fue mi caso.

    Al igual que como estaba yo en ese momento, actualmente hay miles o millones de personas esperando que alguien les invite a la Iglesia. Este es el mejor tiempo para realizar esa invitación tal y como nos invitó el Salvador “Venid a mí y sed salvos” (3 Nefi 12:20).

    La Navidad es la época perfecta para recordar el nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo e invitar a los demás a hacerlo. Es maravilloso pensar que al nacer solo uno, puede salvar a todo el género humano.

    Que nosotros podamos convertirnos en el instrumento, en las manos del Señor, para que muchos de nuestros hermanos tengan ese conocimiento y la oportunidad de reconciliarse con Dios. En esta época el corazón de las personas están sensibles a los sentimientos que llegan por medio del Espíritu Santo, y muchas personas están pensando en hacer cambios en su vida. Al compartir nuestro testimonio con ellos, e invitarlos a nuestras reuniones dominicales, puede ser el inicio de ese cambio.

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    Un impacto poderoso es el brindar un servicio de una manera desinteresada, es lo que regularmente hacía Jesucristo. Durante nuestro tiempo en la misión, enseñamos a los misioneros a tener un día para servir a la comunidad, esto permitía que las personas sintieran el espíritu misional y demostraran mayor interés en conocer más acerca de la Iglesia y de Jesucristo.

    Nunca perdamos la visión de la esencia del evangelio, que es servir a los demás y brindarle la oportunidad de disfrutar de las mismas bendiciones que disfrutamos por ser miembro de la Iglesia de Jesucristo.

    En este tiempo invitemos a aquellos que no son miembros, o que son miembros y por alguna razón se han alejado de la Iglesia, a regresar y disfrutar de la paz que llega al entender mejor el plan que Dios tiene para nosotros, que por medio de la Expiación de Jesucristo tenemos la oportunidad de regresar a vivir con Él. Que al pensar en Jesucristo, en esta Navidad, pensemos en los nombres de las personas que llevaremos a la Iglesia y del cambio que tendrán en sus corazones.

    Sé que Jesús es el Cristo. Él pagó el precio por nuestros pecados, podemos llegar a vivir con nuestras familias para siempre por medio de Él, eso es lo que  compartimos con los demás, ahora es un buen momento para hacerlo. No hay felicidad sin el evangelio, solo Jesucristo puede ayudarnos a ser libres.