El Evangelio es sencillo

    El Evangelio es sencillo
    Se ha dicho que el Evangelio es simplemente hermoso y sencillo.
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    Aun cuando el evangelio de Jesucristo nos proporciona muchas verdades reveladoras del poder salvador que da respuesta a las preguntas primordiales del alma, algunas veces hacemos las cosas más complicadas en nuestras mentes y en nuestras explicaciones hacia otros de lo que en realidad son.

    Dios es real, es nuestro Padre y nos ama con amor perfecto. Él nos ha dicho de manera clara,

    “Recordad que el valor de las almas es grande a la vista de Dios” (Doctrina y Convenios 18:10).

    Una vez que entendemos que el Dios de la creación es nuestro Padre y que cada alma es valiosa para Él, entonces podemos entenderle mejor a Él, a Su hijo y a nosotros mismos. La siguiente escritura tiene una verdad profunda:

    “Porque de tal manera amó Dios al mundo que ha dado a su Hijo Unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3:16).

    Otro gran don que frecuentemente no valoramos es que Nuestro Padre Celestial nos ha dado una familia. Curiosamente, nadie puede nacer en este mundo sin haber tenido un padre o una madre. El presidente Boyd K. Packer ha dicho a menudo:

    “El objetivo principal de cada enseñanza y actividad de la Iglesia es que los padres y sus hijos sean felices en el hogar, estén sellados en un matrimonio eterno y estén unidos a sus antepasados” (Packer, Boyd K., “El Padre y la familia,” Conferencia General de abril de 1994). 

    Nuestra responsabilidad primordial en esta vida es la salvación propia y de nuestra familia.

    Desafortunadamente muchos no vivimos en un contexto familiar idóneo con una madre y padre que se amen el uno al otro y a sus hijos, y que vivan en rectitud como se describe en “La Familia: Una proclamación para el mundo”. El élder Richard G. Scott ha aconsejado sabiamente:

    “Durante tu existencia en la tierra, sé diligente al cumplir el propósito fundamental de la vida mediante la familia ideal. Aunque tal vez aun no logres ese ideal, haz todo lo que esté a tu alcance, por medio de la obediencia y la fe en el Señor, para acercarte a Él lo más posible… Hazlo lo mejor que puedas. No podemos saber si obtendremos esa bendición en este lado del velo o en el más allá, pero el Señor cumplirá Sus promesas. En Su sabiduría infinita, Él hará posible que recibas todo lo que te mereces. No te desalientes. El vivir una vida lo más cercana posible al ideal te proporcionará enorme felicidad, gran satisfacción y un admirable progreso mientras estés en la tierra, no importa cuáles sean tus circunstancias actuales” (Richard G. Scott, “Primero lo más importante”, Liahona, junio de 2001). 

    Nuestra segunda responsabilidad es tratar de ayudar a los demás y a nuestras familias a recibir esas mismas bendiciones que anhelamos; que ellos también pueden disfrutar de la vida eterna. Frecuentemente hablamos de los recursos que el Señor ha proveído para ayudarnos en este cometido, como el servicio misional, nuestros esfuerzos de retención y rescate, nuestros consejos de barrio y rama (incluyendo todos los programas y personas en nuestras organizaciones auxiliares y del sacerdocio), el templo y la obra de historia familiar (porque muchas de esas personas a quienes podemos ayudar han fallecido) y así sucesivamente. No obstante, no compliquemos el asunto excesivamente. En otras palabras, cada Santo de los Últimos Días debe tratar verdaderamente de llevar esas mismas bendiciones del Evangelio que gozamos en nuestra vida a otras personas y familias.

    Al fin y al cabo la manera de realizar esto es también muy sencilla: doctrina y convenios. Todas las alegrías que anhelamos en esta vida y en la venidera se obtendrán a través del entendimiento y creencia en la doctrina de Cristo, y al hacer y guardar los convenios asociados con las ordenanzas salvadoras.

    doctrina
    convenios

    El final de estos esfuerzos será tan seguro como que sale el sol por la mañana. Nos presentaremos redimidos y sellados ante el Señor con nuestras familias; entonces Él nos dirá:

    “Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo” (Mateo 25:34).

    Amados hermanos y hermanas, el evangelio de Jesucristo es simplemente hermoso y sencillo. Cada uno de nosotros debe luchar por su propia salvación y la de sus familias. Cada individuo y familia deben hacer todo lo posible para promover la salvación de otras personas y familias. Esto se hace al creer en la doctrina y guardar nuestros convenios, y dará lugar a que seamos abrazados por el Señor, redimidos de nuestros pecados y sellados con nuestras familias.