Buscar al Señor

    Buscar al Señor
    “Buscar significa mucho más que dar una simple mirada superficial; significa energía, dirección, emoción y propósito. Buscar requiere todo nuestro “corazón, alma, mente y fuerza” (D. y C. 4:2). Rex D. Pinegar, “Las Cosas Simples”, Liahona octubre de 1994).
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    “El padre Adán, Enoc, Moisés, Noé, Abraham, Isaac, Jacob y todos los antiguos patriarcas y profetas se veían obligados a tener comunión con Dios; tenían la necesidad de buscar al Señor porque, sin esa comunión, no estaban capacitados para cumplir su deber. Dependían de Él para recibir revelación, luz e instrucción a fin de tener el poder para cumplir los mandamientos de Dios. Esa unidad que el Señor exigía a los antiguos profetas y patriarcas y que Jesús requirió de Sus Apóstoles también se les exigió a José Smith y a sus hermanos. Se ha exigido a todos los santos de Dios desde la fundación del mundo hasta hoy”. (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Wilford Woodruff, Capítulo 23: “Uno en corazón y voluntad”).

    Como consecuencia de reconocer su insignificancia, los que creen en Cristo vendrán a Él con un espíritu de arrepentimiento, buscando el perdón de sus pecados. Esto es lo que significa tener un corazón quebrantado. No es suficiente ablandar un corazón endurecido por la rebelión y las transgresiones, sino que uno debe también buscar al Señor con toda la energía del alma para pedirle un corazón renovado, el perdón de los pecados y la misericordia que proviene de la sangre expiatoria de Cristo.



    El presidente Brigham Young enseñó que nuestro “primer y primordial deber consiste en buscar al Señor hasta que podamos abrir una vía de comunicación desde Dios hasta nuestra propia alma”. (Julio de 2002 Liahona, Seamos enseñables, Robert R. Steuer).

    Después que Moisés profetizó que los israelitas volverían a adorar otros dioses y serían esparcidos (Deuteronomio 4:25–28), también pronunció palabras de esperanza en Deuteronomio 4:29-31: ”Mas si desde allí buscas a Jehová tu Dios, lo hallarás si lo buscas con todo tu corazón y con toda tu alma. Cuando estés en angustia y te alcancen todas estas cosas, si en los postreros días te vuelves a Jehová tu Dios y escuchas su voz, porque Dios misericordioso es Jehová tu Dios: No te dejará, ni te destruirá ni se olvidará del convenio que él juró a tus padres.”



    Qué maravillosas palabras: Lo hallaremos, no nos dejará, no nos destruirá, y no se olvidará de los convenios que hizo con nuestros padres.

    En Isaías 49:14–16, leemos: ”Pero Sión dijo: Jehová me ha desamparado, y mi Señor se ha olvidado de mí. ¿Acaso se olvidará la mujer de su niño de pecho y dejará de compadecerse del hijo de su vientre? Pues, aunque se olviden ellas, yo no me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de mis manos te tengo grabada; delante de mí están siempre tus muros”.

    ¿Cómo buscar al Señor con todo nuestro corazón y con toda nuestra alma y con todas nuestras fuerzas? 

    *Debemos buscar al Señor en nuestras oraciones personales y familiares de forma constante, y también con nuestros ayunos. (3 Nefi 27:28-29) y (3 Nefi 18:21)

    *Busquémosle por medio del estudio de las Escritura (Juan 5:39)

    *Buscar al Señor con humildad como dice en D&C 112:10 “Sé humilde; y el Señor tu Dios te llevará de la mano y dará respuesta a tus oraciones”. Él nos guiará para saber cuáles son las cosas específicas que debemos hacer.





    *También debemos Buscarle en nuestros hogares, poniéndolos  en orden  y sacando de ellos todas las cosas que no son rectas (D&C 93:43)

    *Busquemos al Señor para establecer Su justicia (véase D. y C. 1:16).

    Pongamos a la vista la lámina de Jesús a la puerta. Cantemos o repitamos las letras de la canción “Buscaré al Señor” (Canciones para los niños, pág. 67).





    Cuando participo de la santa cena con un corazón quebrantado y un espíritu contrito, y cuando asisto al templo y efectúo allí ordenanzas sagradas por aquellos que han pasado a través del velo, son las dos experiencias más maravillosas que tengo al buscar al Salvador, y al hacerlo me lleno de un sentimiento de gozo y paz que Él promete a aquellos que lo buscan.

    Busquémosle, vayamos a Él, dejemos atrás todo aquello que nos impida buscarlo con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza.

    Por consiguiente: “Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo el que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá”. (Mateo 7:7-8)