Los atributos de Cristo que emergen en la Navidad

    Los atributos de Cristo que emergen en la Navidad
    Al  acercarse esta época tan especial como es la celebración  de uno de los acontecimientos más nobles e importantes en las vidas de los cristianos, el nacimiento del niño de Belén, recordamos con mayor intensidad que vino a traernos inmortalidad y a ofrecernos vida eterna a todos los que creyéramos en su nombre y siguiéramos sus pasos.
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    Al hacer el esfuerzo de seguir los pasos del Salvador, pienso en la sección 4 de  Doctrina y Convenios, donde  se nos enseña qué es lo que nos califica para la obra, los atributos de Cristo que necesitamos tener para  seguirlo.

    En esta época de Navidad muchos reflejamos esos atributos, cuando los mismos deberían permanecer con nosotros todo el tiempo. Para mí la Navidad  entonces debe ser todas las épocas del año para que estos atributos de Cristo echen raíces profundas en nuestras vidas y así no tener que esperar la Navidad para demostrar a nuestros semejantes que nos preocuparnos y que tenemos un amor genuino por ellos. (Mateo 22: 35-40).

    Desarrollar los atributos de nuestro Salvador, es lo que nos ayudará a retener en nuestras mentes y nuestros corazones las necesidades tanto temporales como espirituales de nuestros hermanos y hermanas.

    El emular el amor de Cristo exige un gran cambio en el corazón y gran humildad y que nos despojemos del orgullo y de la envidia, que nos convirtamos en nuevas criaturas. (Alma 5:26 -29)

    Moroni 7:47 nos enseña que la caridad es el amor puro de Cristo y que permanece para siempre, y que a quien la posea en el postrer día le irá bien;  entonces  mis queridos hermanos y hermanas, no solamente debemos demostrar caridad en las celebraciones de Navidad sino siempre, para que nos vaya bien en todas las épocas del año.

    El servicio es parte de la caridad, en esta época de Navidad somos muy dados a ayudar y servir a otros.  En Mateo 24:12 hay una profecía que nos dice que en los postreros días el amor de muchos se enfriará. Para que esto no tenga efecto en nuestras vidas como Santos de los Últimos Días, debemos permanecer en el amor y en el servicio a nuestro prójimo en todo tiempo y de esta manera nos pareceremos cada vez más a nuestro Salvador.

    Que las llamadas a nuestros seres  queridos sean más constante, que las expresiones de amor y de afecto sean más frecuentes, que el envío de mensajes de agradecimiento sean más recurrentes y  alentadores, que los regalos sean aquellos que no se pueden compran con dinero para que perduren.

    Amados hermanos y hermanas, he aprendido a través del tiempo a disfrutar de la Navidad en todas las épocas del año.  Que podamos venir y adorar siempre al Niño Jesús, al Salvador de la humanidad, nuestro Abogado ante el Padre, el Rey de reyes y Señor de señores.  Les testifico con toda humildad que no pasará desapercibida su Segunda Venida a la tierra, que en todas las naciones se escuchará la trompeta y toda lengua confesará que Él es el Cristo, el Hijo del Dios viviente.