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¿Tenéis enfermos entre vosotros?

¿Tenéis enfermos entre vosotros?
El Salvador resucitado visitó a los nefitas; después de haberles enseñado la mayoría del día, les dijo:
Gamiette, Claude-140 x

“He aquí, mis entrañas rebosan de compasión por vosotros. ¿Tenéis enfermos entre vosotros? Traedlos aquí. ¿Tenéis cojos, o ciegos, o lisiados, o mutilados, o leprosos, o atrofiados, o sordos, o quienes estén afligidos de alguna manera? Traedlos aquí y yo los sanaré…” 3 Nefi 17: 6-7.

Sus entrañas rebosaban con compasión; deseaba sanar a los enfermos y afligidos. Si seguimos al Salvador en Su ministerio, Su compasión por los que sufrían se menciona a menudo.

Y Jesús fue a ciudades y poblados, enseñando en sinagogas, predicando las buenas nuevas del reino, y sanando toda enfermedad y dolencia entre el pueblo. 36 “Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban fatigadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor”. Mateo 9:36.

 ¿Y qué es compasión?

Cuando miramos la etimología de la palabra, leemos: “La compasión”, del latín, significa “sufrir juntos”, 'más intensa que la empatía, …con frecuencia combinada con un deseo de aliviar o reducir… sufrimiento' (Wikipedia).

La habilidad de sufrir con los que sufren, y de estar motivados a ayudarlos y salvarlos, parece ser uno de los grandes atributos del Salvador.

En las Escrituras, a menudo vemos la compasión o la misericordia en asociación con las entrañas.

Leemos: “9 habiendo ascendido al cielo, henchidas de misericordia sus entrañas, lleno de compasión por los hijos de los hombres; interponiéndose entre ellos y la justicia; habiendo quebrantado los lazos de la muerte, tomado sobre sí la iniquidad y las transgresiones de ellos, habiéndolos redimido y satisfecho las exigencias de la justicia”. Mosíah 15:9.

Lleno de compasión, el Señor se pone entre nosotros y la justicia, y sufre dolor por nosotros, para protegernos de las consecuencias de la justicia, dándonos la oportunidad de escaparla, con la condición del arrepentimiento sincero y la obediencia a Sus leyes. Sabiendo que no podríamos enfrentar esas consecuencias o soportarlas, Él se pone entre la justicia y nosotros, expresa Su compasión, y sufre por nosotros; no por tener nosotros ninguna justicia, sino por estar lleno de compasión.

            El Salvador, teniendo compasión por nosotros, “sufre con” y “por” nosotros. Parece ser que el sacrificio expiatorio, que a todos nos salva, se origina de la compasión.

“ 15 Y así él trae la salvación a cuantos crean en su nombre; ya que es el propósito de este último sacrificio poner en efecto las entrañas de misericordia, que sobrepujan a la justicia y proveen a los hombres la manera de tener fe para arrepentimiento”. Alma 34:15.

            Cuando leo que la expiación del Salvador pone en efecto las entrañas de misericordia, me pregunto cómo me sentí en realidad cuando comprendí lo que el Señor haría por mí y por todos nosotros. ¿Se llenaron mis entrañas de compasión por Él? ¿Estaba preparado para ayudar a calmar el sufrimiento que padecería Él? ¿Tuve el deseo de tomar sobre mí la responsabilidad de ayudar, de salvar a los necesitados, incluyéndome a mí mismo? Así mismo, ¿fui preordenado al sacerdocio por mi deseo personal de 'sufrir con' (mediante mi compasión) cuando estuviera en la tierra?

            Cuando medito en esto, mis entrañas se llenan de misericordia, y crece mi deseo de alzarme, de salvar y de magnificar mi responsabilidad en el sacerdocio.

            Muchos están enredados en el pecado y, por eso, merecen las situaciones en las que se encuentran. ¿Cómo me puede ayudar la compasión?

            La idea de su sufrimiento por las consecuencias de sus acciones debería ser inaceptable para mí. En lugar de pensar que merecen lo que les ocurre, debo sentir tal como los hijos de Mosíah:

“ 3 Pues estaban deseosos de que la salvación fuese declarada a toda criatura, porque no podían soportar que alma humana alguna padeciera; sí, aun el solo pensamiento de que alma alguna tuviera que padecer un tormento sin fin los hacía estremecer y temblar”.  Mosíah 28:3.

            Sus entrañas estaban llenas de compasión, y tenían el deseo de predicar el Evangelio a sus enemigos, los lamanitas. Deseaban ir la extra milla para su salvación. Estaban listos para sufrir con ellos y por ellos.

Leemos que estaban listos:

“ 2 para que tal vez los trajeran al conocimiento del Señor su Dios, y los convencieran de la iniquidad de sus padres; y quizá pudieran curarlos de su odio por los nefitas, para que también fueran conducidos a regocijarse en el Señor su Dios, para que fuesen amigables los unos con los otros y no hubiese más contenciones en toda la tierra que el Señor su Dios les había dado”. Mosíah 28:2.

            Cuando estudio el atributo de la compasión, lo veo como una motivación poderosa que no simplemente deja a uno con un sentimiento de empatía, sino que dirige a la acción y al deseo de pasar el sufrimiento de quien esté en necesidad.

Como miembro, ¿cómo puedo obtener un mejor entendimiento de la compasión?

            Parece que la compasión está en el mismo centro del servicio del sacerdocio, así como de la ordenanza del bautismo:

“ 8 Y aconteció que les dijo: He aquí las aguas de Mormón (porque así se llamaban); y ya que deseáis entrar en el redil de Dios y ser llamados su pueblo, y estáis dispuestos a llevar las cargas los unos de los otros para que sean ligeras;

 9 sí, y estáis dispuestos a llorar con los que lloran; sí, y a consolar a los que necesitan de consuelo, y ser testigos de Dios en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar en que estuvieseis, aun hasta la muerte, para que seáis redimidos por Dios, y seáis contados con los de la primera resurrección, para que tengáis vida eterna”. Mosíah 18:8-9.

En las aguas del bautismo, hice el convenio de llorar con los que lloran, y consolar a los que necesitan de consuelo. 

¿Qué ocurriría si nuestros consejos de rama y de barrio fueran dirigidos por la compasión por los miembros?

¿Cuál sería el impacto de una mayor compasión en el progreso de la obra?

Les dejo que mediten estas preguntas, y ruego que tengamos nuestras entrañas llenas de compasión. Y así, como el Salvador, podemos bendecir la vida de otros al desear sufrir con ellos.