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¡Ésta es nuestra época!

¡Ésta es nuestra época!
Queridos hermanos y hermanas, ¿comprendemos la época maravillosa y privilegiada en la cual vivimos aquí en la tierra? El profeta viviente del Señor, el presidente Thomas S. Monson, ha declarado, “Ahora es el momento de que los miembros y los misioneros se unan y trabajen juntos, que trabajen en la viña del Señor para llevar almas a Él” (“Bienvenidos a la conferencia”, Conferencia General, octubre de 2013).
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El profeta José Smith una vez dijo, “que todo hombre, mujer y niño comprenda la importancia de la obra y se comporte como si el éxito dependiera exclusivamente de su propio esfuerzo; que todos sientan interés en ella y que consideren que viven en días cuya contemplación animó el corazón de reyes, profetas y hombres justos hace miles de años, cuya posibilidad inspiró sus escritos más tiernos y sus cantos más sublimes…” (Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia, José Smith, capítulo 11).

El élder Neal A. Maxwell resumió este principio cuando dijo, “Hermanos, éstos son nuestros días, ¡éste es nuestro tiempo en la tierra! “Éstas son nuestras tareas, las que nosotros debemos realizar” (“Tened buen ánimo”, Conferencia General, octubre de 1982). El presidente Dieter F. Uchtdorf dijo, “Ésta es nuestra época; éstos son nuestros días. Nos hallamos en medio de la acción. Nuestro firme testimonio personal nos motivará a cambiar y después a bendecir al mundo” (“El poder de un testimonio personal”, Liahona, noviembre de 2006).

El élder M. Russell Ballard dijo, “Esta tarde mi mensaje es que el Señor está apresurando Su obra. En nuestros días eso sólo se puede lograr cuando todo miembro de la Iglesia comparta con amor las verdades del evangelio restaurado de Jesucristo. Debemos trabajar juntos en colaboración con los casi 80.000 misioneros que están prestando servicio ahora. La información tocante a esta gran obra, en especial las asignaciones para los líderes del consejo de estaca y de barrio, está claramente definida en el sitio web de LDS.org titulado ‘Apresurar la obra de salvación’”. (“Confíen en el Señor”, Conferencia General, octubre de 2013).

Me gustaría compartir algunos métodos aprobados que los miembros pueden usar y los misioneros pueden aplicar para aprovechar nuestra oportunidad de apresurar la obra del Señor en nuestra época:

  1. Hacerse amigos de buenas personas y compartir abiertamente con ellos experiencias específicas que ha tenido al ser miembro de la Iglesia que le traen felicidad. Por ejemplo, de una noche de hogar reciente, una reunión sacramental, una lección o actividad de servicio.
  2. Si sus amigos, vecinos o parientes expresan interés, invíteles a escuchar a los misioneros―lo ideal sería en la casa de usted, o acompañarle a usted a la Iglesia en un día específico o a leer el Libro de Mormón.
  3. Visite a un miembro menos activo de la Iglesia acompañado por los misioneros de tiempo completo. Ayúdeles a recordar los dulces sentimientos del Espíritu que tuvieron en sus primeras experiencias con la Iglesia y pregúnteles si les gustaría tener esos mismos sentimientos en su vida actual. Invíteles a recibir de nuevo las lecciones de los misioneros y fijar una hora y lugar específico en el que usted y los misioneros puedan regresar y comenzar a enseñarles de nuevo. Recuerde, la doctrina verdadera que se entiende apropiadamente invita al Espíritu.
  4. En coordinación con el consejo de barrio/rama, invite a un grupo de miembros menos activos, investigadores y miembros activos a una “pequeña reunión” en su hogar donde los misioneros puedan enseñar y testificar de las doctrinas básicas. (véase “Buscad, y hallaréis” en http://www.lds.org/training/wwlt/2013/hastening/ward-council-and-mission-leaders?lang=spa).
  5. Los miembros deben ofrecer su tiempo voluntariamente y los misioneros de tiempo completo deben coordinar constantemente con los consejos de barrio/rama para incluir a los miembros apropiados en sus citas al enseñar a los investigadores.

Nos conmueve la promesa del presidente Monson: “[El Señor] nos ayudará en nuestros esfuerzos si actuamos con fe para llevar a cabo Su obra” (“Bienvenidos a la conferencia”, Conferencia General, octubre de 2013). Rogamos que cada uno de nosotros respondamos a las bendiciones especiales que el Evangelio ha traído a nuestra vida al ayudar a todos los que nos rodean a recibir el mismo gozo y así cumplir con el propósito por el que se nos mandó a la tierra en esta nuestra época.