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El templo, un lugar donde las familias pueden ser eternas

John Edwin Rappleye and Nancy Lee Rappleye John Edwin Rappleye y Nancy Lee Rappleye

Cuesta creer que han transcurrido casi 17 años desde la dedicación del templo del Señor en la República Dominicana. Los niños que fueron llamados del público ese día para ayudar al presidente Hinckley a poner la piedra angular mientras un coro cantaba en el fondo, han de estar a mediados de sus veinte años ahora. Los santos celebraron con gratitud en aquel momento y nosotros celebramos con gratitud todos los días desde entonces, debido a la profunda importancia de las ordenanzas realizadas en esta santa casa, uno de los lugares más hermosos y sagrados en la faz de la tierra.

Mi esposa Nancy y yo vinimos a la República Dominicana para asistir a la dedicación. Fue de especial significado para nosotros porque vivíamos y trabajábamos en Santo Domingo en el 1978, cuando se formó la primera rama de la Iglesia, los primeros misioneros llegaron y las primeras familias fueron bautizadas aquí. En septiembre del 2000 llegamos para la dedicación del templo un par de días antes para poder reunirnos con viejos amigos y disfrutar del país que tanto amamos.

Una charla fogonera especial se llevó a cabo el día antes de la dedicación del templo donde nos reunimos con muchos de los miembros que habían sido los primeros en unirse a la Iglesia en este país. Después de la charla fogonera un buen hermano se acercó a mí, y con una sonrisa enorme, me dio un gran abrazo y me preguntó si lo recordaba. Le miré a los ojos y supe que lo conocía, pero tuve que admitir que no recordaba de dónde. La Iglesia había crecido de 0 a más de 3,500 miembros durante los 3 años y medio que vivimos aquí, y había muchas caras conocidas de las cuales ya no podíamos recordar sus nombres. Luego me recordó dándome su nombre y diciendo: 'Poco después de que los primeros misioneros fueran enviados a Barahona, mi familia recibió las charlas misionales. Cuando los misioneros creyeron que estábamos listos, usted vino a entrevistarnos para el bautismo. Cuando llego mi turno para ser entrevistado, yo le dije que no quería bautizarme. Me preguntó si yo daba mi permiso para que mi esposa e hijos fueran bautizados y yo dije que sí. Luego me explico lo que eso significaría en las eternidades y que mi decisión me limitaría a solo estar con familia por esta vida y me preguntó '¿No quieres estar con tu familia para siempre?'

'Mi familia fue bautizada ese día, pero yo no', continuó diciendo. 'Pero pensé en lo que dijo y me di cuenta de que realmente quería estar con mi familia por siempre. Tomé las charlas misionales de nuevo, y unas semanas más tarde estaba listo para ser bautizado. Para entonces teníamos un líder de distrito y él me iba a entrevistar. Le dije que no, quiero que el presidente Rappleye me entreviste, así que usted volvió a Barahona, se reunió conmigo y yo fui bautizado'.

Con profunda emoción añadió: 'Desde entonces nos hemos sido grandemente bendecidos como familia. Nos hemos sellados en el templo, mis hijos han servido como obispos y mañana mi hijo estará traduciendo mientras un profeta de Dios dedica nuestro templo'.

Lágrimas de alegría me llegaron a los ojos, y mi corazón estaba lleno, al saber de qué una simple decisión había cambiado la vida de este hombre y probablemente muchas generaciones de sus futuros descendientes, que el sí quería recibir las bendiciones que el Señor tan amorosamente había provisto y estar unidos como una familia eterna.

Ahora, 40 años después de nuestra primera llegada a la República Dominicana, estamos de vuelta, sirviendo como presidente y hermana[l1]  directora del templo de Santo Domingo. ¡Qué bendición es el estar aquí y servir en este santo templo mientras los hijos, nietos, amigos y vecinos de aquellos primeros santos vienen al templo para hacer sagrados convenios eternos con el Señor!

En su oración dedicatoria, el presidente Gordon B. Hinkley oró por algunas bendiciones específicas sobre aquellos que vienen a este templo:

“Que Tu santo Espíritu more aquí.  Que todo el que venga dentro de estas paredes sienta ese Espíritu”

“Que esta sea una casa de paz y un refugio del ruido y la confusión del mundo.”

“Que todo el que venga aquí con problemas y preocupaciones personales halle respuesta a sus preguntas y sea inspirado con soluciones para sus dificultades”

Qué bendiciones tan maravillosas están disponibles para nosotros a través del templo. El Señor nos ama y quiere que tengamos inmortalidad y vidas eternas llenas de gozo. Sólo tenemos que tener fe en El y seguir a Sus profetas mientras nos guían.

Sé que el Señor vive, que Sus templos son sagrados, lugares santos y que tiene enormes bendiciones reservadas para aquellos que entran en Su templo para servirle. Es mi esperanza y oración que cada miembro en este distrito del templo se prepare para venir al templo, recibir estas bendiciones junto con las más valiosas de todas las bendiciones, aquellas que el Señor ha preparado para nosotros y que sólo podemos recibir a través de las santas ordenanzas del templo. El presidente Thomas S. Monson nos dijo: “No es sino hasta que hayan entrado en la casa del Señor, y hayan recibido todas las bendiciones que les esperan allí, que ustedes habrán obtenido todo lo que la Iglesia tiene para ofrecerles. Las bendiciones supremas y de fundamental importancia del ser miembros de la Iglesia son las bendiciones que recibimos en los templos de Dios”. (abril del 2011).

En septiembre celebramos 17 años desde que la casa del Señor fue dedicada en la República Dominicana. Invito a todos los que puedan, a demostrar nuestra gratitud trayendo un nombre al templo para realizar ordenanzas vicarias y recibir de las bendiciones que el Señor ha reservado para aquellos que vienen a Su casa en dignidad y fe.

John E. Rappleye

8 de junio del 2017