Mensaje mes de Febrero 2017

    Busque a Jesucristo

    Durante mi estudio personal de las Escrituras, tuve la oportunidad de leer en el Libro de Éter, cuando me detuve en el versículo 41 del capítulo 12 que nos enseña acerca de un principio encontrado en otras revelaciones tanto antiguas como modernas. Quiero compartir el contenido con usted:

    “…Y ahora quisiera exhortaros a buscar a este Jesús de quien han escrito los profetas y apóstoles, a fin de que la gracia de Dios el Padre, y también del Señor Jesucristo, y del Espíritu Santo, que da testimonio de ellos, esté y permanezca en vosotros para siempre jamás. Amén.”[1]

    Elder Hubermann Bien-Aimé

    Este principio, discutido a continuación, lo llamaremos: Busque a Jesucristo. Me encanta la forma en que Moroni lo experimentó a medida que el buscó, y finalmente vio a Jesucristo cara a cara por el amor que sentía y tenía por Él. Lo compartió de esta manera con nosotros, y cito aquí de nuevo del capítulo 12, donde en el versículo 39 él dijo:

    '... Y entonces sabréis que he visto a Jesús, y que él ha hablado conmigo cara a cara, y que me dijo con sencilla humildad, en mi propio idioma, así como un hombre lo dice a otro, concerniente a estas cosas...'[2]

    ¿Podría alguna vez imaginarse el ver a Jesucristo cara a cara y luego oírle decirte las siguientes palabras:

    “…Y porque has visto tu debilidad, serás fortalecido, aún hasta sentarte en el lugar que he preparado en las mansiones de mi Padre.” [3]

    Tal experiencia compartida por Moroni también fue experimentada por otros profetas cuyos relatos son tan claros que tenemos la sensación de que también estábamos presentes en ese momento. Por ejemplo, Abraham fue visitado por Jesucristo de una manera tan detallada y clara que yo grité de alegría desde lo profundo de mi alma cuando lo leí. Vayamos al Libro de Abraham en la Perla de Gran Precio para probar también la misma alegría que he probado al leer cómo Abraham estuvo con el Señor de quien aprendió la siguiente verdad y al mismo tiempo recibió una promesa:

    '... Jehová es mi nombre, y conozco el fin desde el principio; por lo tanto, te cubriré con mi mano.'[4]

    Luego él siguió recibiendo otras bendiciones gozosas del Señor después de que Él se retirara de la faz del profeta. Abraham nos enseña la principal manera de buscar diligentemente a Jesucristo para lograr encontrarlo:

    '... Y después que el Señor hubo cesado de hablarme, y retiró su faz de mí, dije en mi corazón: Tu siervo te buscó diligentemente; ahora te he hallado;'[5]

    Debemos seguir buscando, siguiendo la misma fórmula aplicada por otros para buscar a Jesucristo. De hecho, ellos superaron muchos desafíos para poder enseñarnos esa gran lección también enseñada por Nefi en el Libro de Mormón: '... Porque el que con diligencia busca, hallará; y los misterios de Dios le serán descubiertos...'[6]

    Ahora podemos ir al relato de Lucas en el Nuevo Testamento. Lucas dijo que un ángel vino y trajo a algunos pastores del país buenas nuevas de gran alegría que es el nacimiento del Hijo de Dios. Y se les dió una señal que: Hallarán al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre.[7] Aplicaron exactamente las instrucciones del Ángel, a lo que se llama, si recuerdan, buscar a Jesucristo. Tal obediencia (la fórmula para buscarle) les ayudó a experimentar lo siguiente:

    ' Y vinieron deprisa y hallaron a María, y a José, y al niño acostado en el pesebre.'[8]

    Experimenté lo mismo cuando era joven. Recuerdo que solía hablar con cualquier persona que pudiera ayudarme a encontrar mi camino por medio de una discusión fructífera acerca de Jesucristo. Yo estaba muy abierto a aprender cualquier cosa que pudiera acercarme al Señor, Jesucristo. Desde entonces, encontré a los misioneros de tiempo completo de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, así que puedo testificar que encontré lo que estaba buscando: El Evangelio Restaurado de Jesucristo.

    Hoy tenemos la bendición de tener la obra misional que lleva a todos los habitantes del mundo la invitación de aprender, reflexionar y aplicar la misma fórmula (obediencia a las palabras de Dios) que les ayudará a encontrar al Señor que es el Camino, La verdad y la vida.

    Al mirar atrás a mis años de adolescencia, me siento más y más agradecido por lo que obtenemos a medida que nos esforzamos por vivir de acuerdo con los preceptos de Jesucristo a través de las enseñanzas de sus profetas vivientes, así como de los profetas antiguos.

    Mis queridos hermanos y hermanas, ¿han experimentado alguna vez la misma fórmula descrita a continuación? ¿Alguna vez se ha encontrado en la situación de buscar algo con diligencia, y entonces lo encuentran de repente?

    Ya sea que su respuesta sea 'Sí' o 'No', les invito, una vez más, a seguir esta fórmula simple pero profunda: Obedezcan al Señor desde lo más profundo de sus almas en cualquier cosa que Él les pida que hagan por medio de Sus profetas. De hecho, Él nos extiende la invitación de buscarlo, por boca de Jeremías, cuando Él dice:

    'Y me buscaréis y me hallaréis cuando me busquéis con todo vuestro corazón'.[9]

    Nunca dejen de tener su estudio personal de las Escrituras, sus oraciones personales por lo menos dos veces al día, y renueven sus convenios cada domingo para la remisión de sus pecados. Al hacerlo, están siguiendo Su mandamiento:

    'Allegaos a mí, y yo me allegaré a vosotros; buscadme diligentemente, y me hallaréis; pedid, y recibiréis; llamad, y se os abrirá;'.[10] Sus más ricas bendiciones son recibidas por aquellos que siempre encuentran la manera de obedecerle tanto en tiempos buenos como difíciles. Yo sé que misericordias del Señor están sobre todos aquellos a quienes Él ha escogió (o han aprendido a buscarlo), debido a su fe, y El los hará poderosos hasta tener el poder de librarse. (énfasis añadido)[11]


    [1] Éter 12:41

    [2] Éter 12:39

    [3] Extracto de Éter 12:37

    [4] Abraham 2:8

    [5] Abraham 2:12

    [6] 1 Nefi 10:19

    [7] Lucas 2: 8-12

    [8] Lucas 2: 8-12 Lucas 2: 15-16

    [9] Jeremias 29: 13

    [10] D&C 88:63

    [11] 1 Nefi 1: 20