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Servir como misionero: La gran competencia de mi vida

Josué Domínguez Ramos nació el 20 de noviembre de 1996 en Santiago, República Dominicana; el tercero de la familia de Jorge Salomón Domínguez y Jacqueline Altagracia Ramos.
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Al nacer y crecer en una familia mormona, ha tenido la oportunidad de participar en los programas de la Primaria, Hombres Jóvenes y Seminario. Actualmente, se prepara para servir por dos años como misionero de la Iglesia en la Misión México Puebla Sur, dejando detrás no solo su familia y amigos sino su mayor pasión, la natación.

“Comencé a tomar clases de natación a la edad de cuatro años. Al inicio era divertido y lo hacía por hobby, pero a los once años de edad vi que tenía la oportunidad de representar a mi país en competencias internacionales y esto motivó en mí el  deseo de poner el nombre de mi nación lo más alto que me fuera posible”.

El ser un atleta de alto rendimiento no ha impedido al joven Josué cumplir con las responsabilidades que tiene cualquier jovencito dentro de la Iglesia, como el asistir a Seminario.

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“Estudiar las Escrituras cada mañana me ha ayudado a adquirir conocimiento del Evangelio de Jesucristo y siento que mi fe ha aumentado, al igual que el deseo de vivir dispuesto a hacer la voluntad del Señor. Esto no solo me ha dado la oportunidad de aprender más sobre los libros canónicos, sino que también he aprendido que si concentramos nuestros esfuerzos y dedicación en Jesucristo, poniéndolo a Él en primer lugar, aunque sintamos que ya no podemos seguir, seremos capaces de continuar avanzando en el camino estrecho y angosto”.

Para cumplir las exigencias de su nivel, Josué practica como mínimo entre 12 y 16 horas cada semana, lo cual no siempre ha sido fácil, en una ocasión pensó en abandonar la natación, sin embargo, no le tomó mucho tiempo darse cuenta de que la dedicación es la clave para lograr el éxito.
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“Me sentía sin dirección y practicaba como parte de la rutina diaria, pero sin una meta. Un día mi entrenador me dijo que si era lo suficientemente bueno podía conseguir una beca universitaria y estudiar cualquier carrera que quisiera. Al inicio, esa fue mi motivación para continuar practicando y realizando mis mejores esfuerzos, sin embargo, unos meses antes de terminar la escuela secundaria, lo que realmente me motivó y me ha mantenido con deseos de dar lo mejor de mí fue el sueño de llegar a ser atleta olímpico”.

Enfrentar grandes desafíos al practicar la natación y en otros aspectos de su vida no es algo nuevo para Josué. El asistir por cuatro años a las clases de Seminario y graduarse, junto con todas las responsabilidades de la escuela y la natación fueron algunos de estos desafíos.

“No importaba si los entrenamientos me habían dejado sin energías o si me había ido tarde a la cama, tenía que levantarme cada día a las 4:30 de la mañana. Al principio, no fue difícil, sin embargo, lo fue durante los dos últimos años en que comencé a sentir que la falta de sueño estaba afectando mi desempeño. Agradezco la ayuda y el apoyo de mi madre, quien también era mi maestra de Seminario; ella sabía lo cansado que estaba y me ayudaba a levantarme a esa hora cada día para que pudiera asistir a clases”.

“Aunque ella siempre me levantaba, recuerdo que en una ocasión sentí que debía poner la alarma del reloj para que sonara a las 4:40 de la mañana; ese día desperté por mi cuenta a las 4:30 a. m., pero como vi que mi madre aún no había ido a despertarme, continué durmiendo hasta que la alarma sonó diez minutos después. Me levanté y me preparé y ya a las 5:00 de la mañana estaba listo.
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En ese momento me di cuenta de que mi mamá aún no se había levantado, por lo que fui a su habitación donde ella aún dormía. Fue una sorpresa para ella el verme despierto y listo para salir; ese día lo recuerdo pues fue increíble, tuve una de las mejores clases de Seminario y comprendí que el Señor desea que todos los jóvenes con la edad requerida asistan a Seminario…y sí, Él desea que pongamos algo de nuestra parte.

Sé sin duda que esto siempre será para nuestro provecho. Siento un gozo inmenso al saber que cumplí una meta tan importante que ha impactado significativamente mi crecimiento espiritual”.

La vida de Josué siempre ha sido muy activa. En las mañanas, asistía al Seminario, luego a la escuela; en las tardes entrenaba y en las noches hacia las tareas de la escuela. Además de estas actividades, tenía que sacar tiempo para estudiar las escrituras y una vez al mes visitar a las familias que le habían sido asignadas como maestro orientador.  

“Como todo joven, no siempre fue fácil organizarme, pero a medida que fui madurando empecé a priorizar las cosas importantes; por esto, mi lema es ‘no es difícil poder organizarte si sabes cuánto tiempo vas a necesitar en cada actividad’”.

Otro desafío que enfrentó Josué fue guardar el día de reposo, ya que la mayoría de las competencias de natación se realizan los domingos.

“Por un tiempo, falté los domingos a la Iglesia para asistir a las competencias, aunque mis padres siempre me aconsejaban no hacerlo. Sin embargo, dejaban que yo tomara mi propia decisión. A pesar de que en algunas ocasiones, cuando asistía a las competencias los domingos, me iba bien, pero me quedaba un sentimiento de tristeza de que yo podía dar más al Señor.

A medida que fui creciendo espiritualmente, tome la decisión de que ya no asistiría los domingos a ninguna competencia, pues ese era el día del Señor. Una vez tomé la decisión y me arrepentí de haber faltado al día de reposo, mi carrera como atleta tomó un rumbo más alto y comencé a destacarme aún más como nadador. El guardar el día de reposo y la palabra de sabiduría han sido una bendición en mi carrera.

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He tenido que labrar mi propio testimonio de Jesucristo y la restauración del Evangelio. En los primeros años de mi vida dependía del testimonio de mis padres y hacía muchas cosas solo porque eso era lo que me habían enseñado. Sin embargo, con los años me di cuenta que necesitaba ganar mi propio testimonio e hice lo que se me había enseñado desde pequeño: ‘orar a Dios con fe’.

En ese proceso, pasé cierto tiempo, pero una noche después de terminar de orar sentí en mi corazón que todo estaba bien, sentí paz, amor, alegría y tuve el deseo de nunca obrar mal, por lo que supe con certeza que mi Salvador vive y que Él siempre está a nuestro lado para ayudarnos. También supe que el Libro de Mormón es la palabra de Dios”.

Como nadador, Josué ha logrado muchos premios: “Mejor Nadador de Santiago” (recibido en cinco ocasiones como nadador infantil, juvenil y de todas las edades), “Mejor Atleta de Santiago” (en dos ocasiones), y en el 2014 fue galardonado como “Mejor Nadador de la República Dominicana”. 
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Además de estos premios, ha sido campeón nacional de natación en varias ocasiones. Participó en Juegos Bolivarianos 2013, quedó como semifinalista en los Juegos Olímpicos Juveniles de Nanjing, China, y fue finalista en los Juegos Centroamericanos y del Caribe Veracruz 2014.

“Todos estos premios han sido muy importantes en mi carrera. Sin embargo, el haber sido nombrado en mi país Nadador del Año 2014 ha significado el mayor reconocimiento que he obtenido por todos estos años de esfuerzos. Cuando recibí este premio, el Presidente de la República, Lic. Danilo Medina, me envió una carta de felicitación; este gesto me hizo sentir muy feliz y me motivó a seguir adelante”.

Con tan solo dieciocho años de edad, Josué ha participado en muchas competencias. Sin embargo, dentro de poco participará en una competencia especial, la de predicar el Evangelio de Jesucristo a los hijos de Dios.

“Esta decisión no fue sencilla, en el año 2013 de forma positiva mi carrera como nadador tomó un gran giro, oportunidades que nunca antes tuve, serían posibles. La decisión de dejar todo pudo ser mucho más difícil para mí, pero no lo fue porque muchos años atrás había decidido servir como misionero. Sé que para cualquier persona el dejar la natación en este punto de mi vida es una locura, sin embargo, para mí servir como misionero al Señor es la oportunidad más grandiosa que he recibido en mi vida”.

“Mi llamamiento misional es una prueba de que Dios confía en mí y quiere que yo ayude a que Su Evangelio llegue a más familias sobre la tierra. Es una gran responsabilidad que conlleva una gran bendición”.

“Luego de la misión, seguiré nadando hasta cumplir las metas de mi carrera, lo cual implicará sacrificios. El Señor ha dicho que no sería fácil, pero sé que valdrá la pena. Sé que será un camino largo, pero es el camino que elegí y me siento listo para mi gran competencia, la de servir como misionero del Señor”.