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Mi experiencia en la obra de historia familiar

Mi experiencia en la obra de historia familiar
Me recuerdo que el año antepasado, durante las vacaciones de Navidad, habíamos ido a Santo Domingo con el Coro de Campanas para tocar allá en un concierto. Nos quedamos en el CCM, y de una vez fuimos al templo, lo cual realmente fue lo más importante de todo. Allí hicimos mucha obra por los muertos, algunos desconocidos y otros que yo había encontrado, y me emocionó tanto el hacerlo que, cuando volvimos a casa, seguí en la búsqueda de encontrar a más personas, las cuales pude hallar y hacer sus obras luego en marzo del año pasado. 

Después de eso, no volví a encontrar a más personas. Traté de cambiar táctica y comencé a buscar a mis antepasados directos, pero sólo podía encontrar registros de los que ya tenía. Estaba frustrada por los que me faltaban, así que decidí parar y esperar por que Family Search pusiera más información al respecto. 

No mucho después de eso, llegó la Conferencia de Estaca, y recuerdo al Presidente Ortega haber mencionado, con mucha felicidad, que Family Search se había unido a Ancestry, y que ahora cada uno de los miembros de la Iglesia podía tener una cuenta en Ancestry por gratis. 

Así que fue durante estas pasadas vacaciones que me hice una cuenta. Pero antes de crear la misma, me topé con algo interesante en  LDS.org . Era un reto por el Elder Andersen de los Doce, y el reto era el siguiente (parafraseado):

'Que aquellos nombres por los que hagas la obra en el templo sean los tuyos, los que tú hayas encontrado al trabajar en tu genealogía'. 

Había un número presentado en el monitor, un número de personas que habían aceptado tomar parte del reto. Pensé en mi situación, y que podría ser que no hallara muchos nombres como lo deseaba. Pero decidí elevar mi fe, y le dije al Padre Celestial en oración que si encontraba aunque fuera a una sola persona, sería feliz. Luego me fui a Ancestry y comencé. 

En sólo dos o tres días hallé 48 nombres de los cuales 19 son directos. Me recuerdo que cada vez que encontraba uno, me llenaba de tanta alegría. Sentía y sabía que estaba encontrando a personas que hace tiempo habían estado esperando que alguien los buscara, algunas de ellas habiendo vivido mientras Puerto Rico todavía era una provincia española. Me podía imaginar la felicidad de ellos al poder saber que pronto podrán tener su obra hecha, que pronto van a poder progresar y que pronto van a poder estar más cerca de nuestro Padre Celestial. Por eso me encuentro ansiosa por ir al templo después de graduación. Quiero mucho poder hacer la obra por ellos y poder ayudarlos en su progreso espiritual. Quiero poder hacerlos felices, porque son mi familia, ¿no? Y la familia siempre debe estar ahí para apoyarse y ayudarse los unos a los otros. 

No los conozco a cada uno personalmente, pero siento un amor por ellos y una gran responsabilidad de lograr esto.

Estoy muy agradecida por el reto del templo que nos dio el Apóstol, y estoy muy contenta de haber dicho que sí. 
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