La familia es ordenada por Dios

    La familia es ordenada por Dios

    Los Artículos de Fe de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días – normas que resumen las creencias básicas de la Iglesia – establecen en el artículo número once:

    “Reclamamos el derecho de adorar a Dios Todopoderoso conforme a los dictados de nuestra propia conciencia, y concedemos a todos los hombres el mismo privilegio: que adoren cómo, dónde o lo que deseen.” (Artículo de Fe No. 11)

    Esta afirmación se extiende por igual a la íntima convicción y a la expresión libre del pensamiento, los cuales están amparados por la constitución y las leyes. Los Santos de los Últimos Días, a través de la historia de la Iglesia, hemos probado las hieles amargas de la represión y la censura, así como sus negativas consecuencias.

    Consideramos que toda organización tiene el derecho de expresar libremente su creencia, filosofía, posición u opinión en torno a los temas que considere de interés, siempre bajo el amparo de la ley y de las autoridades competentes. Sin embargo, el derecho a la expresión de la íntima convicción también incluye el derecho que los demás tienen a disentir y a expresar libremente sus posiciones.

    En tal sentido, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días ha establecido en el pasado, así como reitera ahora, su posición firme y clara sobre el matrimonio, la familia, la sexualidad, sus implicaciones y consecuencias. Esta posición se encuentra en el documento La Familia: Una Proclamación para el Mundo publicado en 1995 por la Primera Presidencia de la Iglesia, el cual establece en parte:

    “Solemnemente proclamamos que el matrimonio entre el hombre y la mujer es ordenado por Dios y que la familia es fundamental en el plan del Creador para el destino eterno de sus hijos.”

     “El primer mandamiento que Dios les dio a Adán y a Eva se relacionaba con el potencial que, como esposo y esposa, tenían de ser padres. Declaramos que el mandamiento de Dios para Sus hijos de multiplicarse y henchir la tierra permanece en vigor. También declaramos que los sagrados poderes de la procreación han de emplearse solo entre el hombre y la mujer legítimamente casados como esposo y esposa.”

    “Declaramos que los medios por los cuales se crea la vida mortal son divinamente establecidos. Afirmamos la santidad de la vida y su importancia en el plan eterno de Dios.”

    “Los hijos merecen nacer dentro de los lazos del matrimonio y ser criados por un padre y una madre que honran sus votos matrimoniales con completa fidelidad.”

    “Advertimos a las personas que violan los convenios de castidad, que maltratan o abusan de su cónyuge o de sus hijos, o que no cumplen con sus responsabilidades familiares, un día deberán responder ante Dios. Aún más, advertimos que la desintegración de la familia traerá sobre las personas, las comunidades y las naciones las calamidades predichas por los profetas antiguos y modernos.”

    “Hacemos un llamado a los ciudadanos responsables y a los funcionarios de gobierno de todas partes para que fomenten aquellas medidas designadas a fortalecer la familia y a mantenerla como la unidad fundamental de la sociedad.”(La Familia: Una Proclamación para el Mundo, 1995).

    De esto deriva que para los Santos de los Últimos Días las relaciones sexuales y todo lo que estas implican deben ocurrir solo entre el hombre y la mujer casados legal y legítimamente como esposo y esposa dentro de los lazos del matrimonio.

    La promoción, práctica o fomento de cualquier conducta que desvirtúe el rol de la sexualidad, así como su íntima y exclusiva vinculación a la relación matrimonial entre un hombre y una mujer es contraria a las creencias, enseñanzas y prácticas de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

    Las normas de la Iglesia y sus enseñanzas en torno a la conducta sexual para los jóvenes e individuos solteros en relaciones de noviazgo se detallan en el documento Para la Fortaleza de la Juventud. Entre otros principios, el documento enseña:

    “Si bien eres libre de elegir por ti mismo o por ti misma, no eres libre de elegir las consecuencias de tus acciones. Al hacer una elección, recibirás las consecuencias de dicha elección; es posible que las consecuencias no sean inmediatas, pero siempre llegarán, para bien o para mal. Las elecciones equivocadas demoran tu progreso y conducen al pesar y a la desdicha.” (El Albedrío y la Responsabilidad, Para la Fortaleza de la Juventud, pág. 4)

    “La intimidad física entre marido y mujer es hermosa y sagrada; es ordenada por Dios para la creación de los hijos y la expresión de amor entre marido y mujer. Dios ha mandado que la intimidad sexual se reserve para el matrimonio.”

    “No tengas ninguna clase de relación sexual antes del matrimonio. Es posible que [se] te haga pensar que la intimidad sexual antes del matrimonio es aceptable cuando dos personas están enamoradas. Eso no es cierto. A la vista de Dios, los pecados sexuales son sumamente serios ya que profanan el poder que Dios nos ha dado para crear vida.” (La Pureza Sexual, Para la Fortaleza de la Juventud, pág. 26)

    Al mismo tiempo, reconocemos que vivimos en tiempos turbulentos y en un mundo convulso donde la maldad se extiende y alcanza dimensiones sin precedentes. A causa de esto, existen personas que ignoran el consejo de Dios y cometen actos deplorables en contra de otras personas, tales como el acoso y el abuso físico y sexual, la violencia y toda forma de inmoralidad. Para enfrentar estos escollos, todos los sectores de la sociedad deben unirse para enseñar apropiadamente principios que prevengan y/o aborden esta realidad.  

    La Iglesia siempre ha establecido que el lugar idóneo para la promoción, enseñanzas, aprendizaje y práctica de estos principios es el hogar y la familia. Ni el gobierno, ni las autoridades, ni las organizaciones de la sociedad civil pueden proveer un sustituto eficaz al medio que ha sido divinamente establecido para educar y formar a los hijos, que es la familia. Por tanto, compete primordialmente a todo padre y madre, con la ayuda de otros recursos a su disposición, enseñar a sus hijos normas y principios que les faculten para enfrentar los desafíos de la vida, incluyendo aquellos relacionados con la moralidad, la sexualidad y la paternidad.

    La escuela, la Iglesia y los profesionales especializados (cuando estos son necesarios) pueden servir de ayuda, pero nunca sustituir el rol y la responsabilidad que los padres tienen sobre sus hijos de enseñarles a vivir normas elevadas y educarlos para la vida.

    Finalmente, es importante considerar abordar el asunto de forma integral, pues mientras enfrentamos de forma reactiva el gran problema social de la inmoralidad, la violencia física y emocional, el abuso sexual, la precocidad, el embarazo a temprana edad, la paternidad irresponsable y el desmembramiento familiar, nos quedamos impávidos al no actuar de forma proactiva frente a las causas que originan todos estos males que a diario lesionan gravemente las vidas de miles de dominicanos, particularmente mujeres y jóvenes.

    En tiempos cuando el bombardeo constante a través de los medios de comunicación con publicidad engañosa y entretenimiento inmoral amenaza la salud física y mental de nuestra juventud, es menester enseñarles valores y facultarlos para tomar decisiones por sí mismos.

    Antes que hacer la guerra, es menester que los sectores de la sociedad abordemos juntos el asunto con soluciones prácticas y efectivas a corto, mediano y largo plazo.