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En los templos encontramos respuestas a nuestras oraciones, guía y paz

En los templos encontramos respuestas a nuestras oraciones, guía y paz

Durante la semana del  22 al 27  de febrero de 2016 un grupo de hermanos  de la estaca de Caguas, Puerto Rico, asistieron  al templo de la República Dominicana por variadas razones y propósitos.  Fue una semana intensa llena de muchas experiencias espirituales y de metas alcanzadas.

En este viaje la familia Ortiz-Brúceles tuvieron la bendición de llevar a su hijo mayor, Eduardo Ortiz Brúceles, al Centro de Capacitación Misional para iniciar su servicio misional. Para ellos la experiencia de verlo en el salón celestial vestido con las ropas hermosas del santo sacerdocio fue muy especial. Verlo en ese lugar tan sagrado, les hizo recordar al niño que dejaban y visualizar al joven que pronto se embarcaría durante los próximos dos años en el servicio de nuestro Padre Celestial y su Hijo Jesucristo, en la misión Santiago, República Dominicana.
Nilda Merced, Luis Castillo, Eduardo Ortiz, Betsy Enid Bruceles.jpg

Para el hermano José Santos, expresidente de la Estaca de Caguas, su esposa y su mamá este viaje fue un tiempo emocionante de descubrimiento familiar, quien disfrutó el tener más tiempo para trabajar en la obra genealógica, algo que no podría hacer en su anterior llamamiento cuando asistía con los grupos de su estaca al templo debido a las ocupaciones y el tiempo limitado. 

“Acudí todos los días al centro de genealogía del templo y allí conseguí muchos de los nombres de mis antepasados.  Una de las grandes experiencias que tuve en estos días ocurrió al trabajar con uno de mis antepasados y descubrir que estaba unido a uno de los árboles genealógicos de dos hermanas que asistieron con nosotros  en este viaje, las hermanas María Meléndez y Carmen Rojas, quienes desconocían la existencia de ese vínculo”.

Para el hermano Jorge Sierra, visitar el templo es algo que siempre le ayuda. “Cada vez que asisto salgo renovado espiritualmente, con muchos deseos de trabajar arduamente en la obra del Señor. Durante este viaje pude realizar la obra vicaria por mis antepasados y ahora tengo la meta de servir una misión en el templo junto a mi esposa. Sé que en el templo se recibe revelación para enfrentar los desafíos de la vida”.

La experiencia fue igual de gratificante para la hermana María Meléndez quien tuvo el privilegio de sellarse a sus padres tras la reciente muerte de su mamá.  La hermana Meléndez tiene un fuerte testimonio de que por esa ordenanza ella podrá vivir junto a sus padres nuevamente por la eternidad.

Aunque el grupo era relativamente pequeño, las experiencias vividas durante estos días fueron muchas. La hermana Carmen Rojas, quien también fue parte de este grupo nos cuenta su experiencia personal.

“Semanas antes del viaje, al cual yo no tenía planes para asistir, estaba pasando por momentos muy difíciles que me hacían sentir muy lejos de mi Padre Celestial y de Jesucristo.  Orando todo el tiempo por fortaleza y guía, el Señor, en su infinita misericordia y gran amor por sus hijos, inspiró al hermano José Santos para que me llamara y me invitara a asistir al viaje.  El hermano Santos facilitó todo para que pudiera ir, acepté con un corazón agradecido y con la esperanza de encontrar respuestas a mis preguntas.  Una vez llegué a los alrededores del templo sentí una gran paz.  Después de asistir a varias sesiones y de exponerle al Señor mis preocupaciones y dudas, no había recibido ninguna respuesta de Él.  Fue en la sesión del miércoles en la mañana que, estando en meditación en el salón celestial, volví a preguntar al Señor por una respuesta.  No hubo nada en particular.  Pero encontrándome en el vestidor, la obrera que ofició en esa sesión se me acercó y con unas palabras que jamás olvidaré me dijo: “Hermana, tengo que decirle esto.  La he observado en toda la sesión y siento que usted es una hermana especial, que tiene muchos atributos y es una hermana privilegiada.  Debe usted desarrollar todos los talentos que tiene y ponerlos al servicio de Dios y de sus semejantes”.  Esa fue la respuesta a mis preguntas, todo quedó aclarado.  Con esas palabras yo supe que mi Padre Celestial me ama, que no se olvida de mí,  que me conoce y conoce mis necesidades.  Dios conoce a sus ovejas y las tiene contadas y lo más importante es que las ama sobre todas las cosas”.

Visitar los templos del Señor nos trae paz, recibimos revelación y guía y nos sentimos muy cerca de nuestro Padre y de Jesucristo.