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Empezando en el lugar correcto

Empezando en el lugar correcto

La ordenanza del sellamiento une a las familias por la eternidad. Mientras estamos en la tierra podemos hacer convenios sagrados (promesas) con Dios en el santo templo mediante la autoridad del sacerdocio. Entre esos convenios se encuentra la oportunidad que tienen los esposos y las esposas de ser sellados (casados por la eternidad) y de que sus hijos sean sellados a ellos. Eso significa que si cumplimos los convenios que hemos hecho con el Señor y el uno con el otro, la muerte no nos puede separar permanentemente. Esa ordenanza selladora es una parte esencial del plan que nuestro Padre tiene para que vivamos con Él eternamente (véase D. y C. 128:9–10; 132:19).                                                                            

Es bajo esas promesas que jóvenes santos de los últimos días se preparan, manteniéndose dignos para poder iniciar esta relación sagrada y eterna del matrimonio en el lugar correcto.

Esta es la historia de los hermanos Guido y Alicia quienes luego de orar al Señor  y recibir la respuesta de querer compartir sus vidas por toda la eternidad, dan el paso al convenio sagrado del matrimonio.

Después de una hermosa propuesta matrimonial frente a toda la familia de la hermana Alicia  el 6 de abril 2012, empiezan los planes para la boda con solo siete meses para el evento.

Para ellos no es solo importante la decisión de casarse y trabajar en los preparativos de la boda, sino empezar una vida juntos en el lugar adecuado, es decir el Templo, la Casa del Señor.

El papeleo, las actas, los permisos, los pasajes para la familia que venían desde Chile y El Salvador para el matrimonio, eran sólo una parte de todo lo que nos esperaba por enfrentar.

Tomamos la decisión de recibir por tercera vez el programa de preparación para el matrimonio eterno que se imparte en la Iglesia, pues entendimos que sería importante para estar listos para nuestro sellamiento. También tomamos las clases de preparación para el templo pues ambos debíamos hacer nuestras investiduras, sabíamos que no tendría ningún valor tener una recepción perfecta si nuestra relación no tenía como base y centro a nuestro Padre Celestial, por esa razón colocamos todo lo concerniente al sellamiento en primer lugar, entendimos que ahí estaba el éxito y felicidad de nuestro matrimonio y futura familia.

Tres meses después del compromiso el hermano Guido perdió su trabajo, por reducción de personal, la  fe de ambos se puso a prueba, fue el momento preciso de demostrarle a Dios que confiaban en Él y las impresiones de Su Espíritu, ellos  habían recibido la confirmación de que este era  el momento indicado para tomar esa gran decisión de unir sus vidas por la eternidad. Y así lo hicieron,  seguimos adelante a pesar de que ninguno de los dos tenía trabajo.

Poco a poco todo se fue poniendo en su lugar, las bendiciones del cielo llovían a cántaros y pudimos sentir el amor del Salvador en los momentos difíciles y angustiantes, esa prueba fortaleció nuestra relación y testimonios, nos ayudó a ser humildes y reconocer que todo, sin excepción, viene de Dios, nuestro Padre.

El gran día llegó… El 15 de Noviembre contraíamos matrimonio por el civil y al día siguiente sellamos nuestro amor en el Santo Templo,  siendo hasta ese momento el día más especial de nuestras vidas, al saber que pudimos entrar dignos y poder empezar juntos un camino que nos llevará a la eternidad si somos fieles hasta el fin.