La fe de la Familia González

    La fe de la Familia González

         Era un viernes normal, como siempre nos levantamos al afán del día, mi madre salió a las 6:00 a.m. a servir como obrera en el templo, llamamiento que ha tenido desde hace más de 10 años, yo por mi parte me levanté temprano, oré, preparé mi hija para la escuela, hice algunas labores de la casa y luego me dirigí con mi padre, mi hermano y su esposa a un funeral de un familiar. Ese día quedó en casa mi sobrino y mi perro, el cual por alguna razón, no quiso quedarse dentro de la casa y tras mucho tratar con él decidimos que se quedaría en el patio.

    Al llegar al funeral nos pidieron que apagáramos los celulares; una vez llevado acabo el sepelio encendimos los celulares y todos comenzamos a notar que teníamos muchas llamadas perdidas, mi papá 17 llamadas y yo 25, en ese momento pensé (ya que soy abogada), que mis clientes se habían puesto todos de acuerdo para llamarme, pero, cuando nos dimos cuenta que todos estábamos bajo la misma situación nos preocupamos.  Entre las llamadas perdidas habían varias de nuestra vecina quien finalmente nos contactó y nos informó envuelta en lágrimas que debíamos regresar lo antes posible pues nuestra casa estaba completamente encendida en llamas, cuando nos comunicó esto nuestra mayor preocupación era mi sobrino que lo habíamos dejado en la casa durmiendo y el perro, los cuales nos confirmaron que estaban bien. Comenzamos a recibir llamadas de muchas partes, pero lo que más nos preocupaba  no eran las cosas materiales sino que todos en la familia estuvieran a salvo.

    Cuando llegamos a la casa, albergaba en mi corazón la esperanza de encontrar a salvo un dinero que recién había ganado en un negocio, pues inmediatamente pensé que con él podría hacer todos los arreglos causados por el fuego en la casa, pero esto no fue así todo el dinero se quemó junto con la mayoría de nuestras pertenencias. Dios quiso probarnos de esta manera.

    Cuando llegamos todas las paredes estaban negras y casi todo se había destruido o estaba en estado irrecuperable nos quedamos con las manos vacías, esto pensaba yo, porque no teníamos el dinero, sin embargo pronto nos dimos cuenta que habíamos perdido todo lo material, pero teníamos con nosotros nuestros hermanos en Cristo, nuestro amado obispo, el presidente de la estaca, todos los líderes y miembros de nuestro barrio y nuestros amados vecinos,  listos para ayudar.

    Como mi madre salió temprano al templo no sabía aún lo acontecido en su casa, así que el presidente del templo,  fue el encargado de  buscarla en uno de los salones para informarle, cuando el presidente le dijo que quería hablarle en su oficina, mi mamá lo primero que pensó: “ No he hecho nada malo”, entonces ¿ que podría estar pasando?, por lo que pregunto al presidente si le había pasado algo a su familia, el presidente le respondió que no, que todos están bien pero que lamentablemente su casa se había quemado, tras lo cual mi madre le dijo: “ No hay problema presidente, esas son cosas materiales, si mi familia está bien, todo está bien”. Todos en mi familia estuvimos preocupados por su reacción, pero mi madre acepto la voluntad de Dios con tranquilidad.

    Conforme aceptábamos lo ocurrido, fuimos recibiendo fortaleza de Dios, de nuestros líderes, vecinos, familiares y amigos, durante los días que pasaron nada nos hizo falta. El amor y la disposición de todos en ayudar era mucho más que lo que habíamos pedido y todos en la familia recordamos a Job de la antigüedad que había perdido mucho más que nosotros pues el perdió  a sus hijos, esposas y aun sus riquezas, sin embargo en medio de todas estas dificultades expreso: “Jehová dio y él quitó, desnudo vine al mundo y desnudo volveré”. (Job 1:21)

    Durante este tiempo tan difícil nuestro querido obispo, hizo por nosotros lo que pensamos quizás él nunca haría ni por él mismo, ni su familia, organizó a sus sumos sacerdotes y élderes e hizo todos los arreglos  para preparar un plan de ayuda y rescate. En conjunto, el obispo, hermanos de la Iglesia y el presidente de la estaca comenzaron a trabajar para  habilitar nuestra casa lo más rápido posible, había un espíritu de unión, hermandad y amor mostrado no solo por nuestros líderes inmediatos sino por los líderes del área y el templo. Nunca olvidaremos los actos de nuestro obispo, él actuó como un verdadero pastor, dejo a sus 99 ovejas y fue tras nosotros a ayudarnos. 

    Entre tantas personas que nos ayudaron recordamos con amor las palabras de una hermana en especial, ella es una mujer pequeña de estatura pero grande en espíritu la cual nos dijo: “No dejaré de venir aquí hasta que ustedes estén dentro de su hogar” y lo cumplió. El Señor tocó los corazones de muchos. Nuestra vecina,  quien no es miembro de la Iglesia, nos alimentó por 15 días y nunca aceptó que pagáramos por los alimentos. Durante todo ese tiempo se puso de manifiesto el amor puro de Cristo que es la caridad.

    En ningún momento nos quejamos contra Dios, a pesar de la prueba, nuestros corazones aun rebosaban de agradecimiento y humildad al Señor por todo lo sucedido. Sabemos que no hay nada en la vida que suceda que no tenga un propósito y una enseñanza, en nuestra familia el mensaje  principal que aprendimos es: “No hacer tesoros en la tierra donde el orín y la polilla corrompen, hagamos tesoros en el cielo”. (Mateo 6: 19-21)

    Aprendimos que las cosas sagradas son de más valor pues prácticamente en la casa todo se quemó, a excepción de nuestras ropas del templo, las escrituras y las tarjetas de ordenanzas del templo que habíamos realizado por nuestros antepasados, de forma milagrosa las llamas no lograron dañarlas.

    Con la ayuda de muchos, nuestro hogar ahora es más bonito y aunque no tenemos cuadros y muchos adornos sentimos que es más cómodo que en el pasado, además sabemos que para nuestra familia lo más importante es Dios y luego hacer las cosas que nos acercarán más a Él con ahínco y devoción hasta el final de nuestros días, hasta que un día podamos reunirnos con El.

    María Gonzalez y su familia pertenecen al barrio de Mendoza, Estaca Oriental, Santo Domingo.

    María Gonzalez y su familia pertenecen al barrio de Mendoza, Estaca Oriental, Santo Domingo.