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Historia de fe que ha bendecido mi vida

Historia de fe que ha bendecido mi vida

Hay un mito que dice: “Aún tener un amigo fiel que lo quieres nunca prevalecerá en la vida contigo”.  Yo no creo en eso.  Yo sí creo en los amigos fieles.

El 22 de agosto de 2002, conocí a un niño que tenía siete años de edad, la misma  edad que yo tenía en esa época.  Su nombre era Jan Carlos Cruz.  Muchos de mis otros compañeros me decían que no compartiera con él; me hacían expresiones negativas y me preguntaban si yo era amigo de él.



Decidí ignorar a mis compañeros porque por alguna razón, yo sentía que tenía que ser amigo de Jan Carlos.  Sentía que era como una misión. Llegaba a mi pensamiento y a mi corazón que me hiciera amigo de él, “y te prometo que algo bueno va a pasar”.

El 12 de septiembre de 2004, Jan Carlos y su familia tuvieron un accidente de auto muy trágico.  En el accidente él perdió su familia completa.



Pasaron tres días después del accidente, y vi a Jan Carlos en la escuela.  Sentía que algo le pasaba y me dijo lo del accidente.  Lloré con él y nos abrazamos.  Ese día le regalé el Libro de Mormón.  Le dije a mi amigo que yo no había leído el libro completo pero que sabía que habla de Jesucristo.  Jan Carlos me dio las gracias por haberle regalado ese libro. 

Jan Carlos siempre se pregunta por qué ha sobrevivido.  Y le digo que Dios le salvó la vida, que Dios quiere algo de él.  Jan Carlos no tenía fracturas en el cuerpo; solo una cortadura en la cara.

El 7 de julio de 2005, Jan Carlos se mudó para California, Estados Unidos de América. Yo no tenía manera de comunicarme con él. Yo lloraba y oraba pidiéndole al Señor que por favor cuidara a Jan Carlos.  Ese año fue difícil para mí.  Recordaba todos los momentos felices que pasamos en la escuela.




El 17 de junio de 2011, como a las 12:30 de la tarde aproximadamente, yo estaba limpiando mi casa.  De repente, escuché a alguien tocando la puerta.  Cuando la abrí solo vi su sonrisa y sabía que era Jan Carlos.  Grité de la alegría, lloramos y nos abrazamos bien fuerte.  Sentía que era una expresión de nuestra amistad y que nos extrañábamos mucho.


Jan Carlos me enseñó el Libro de Mormón y me dijo: “Hiram por las simples palabras que me dijiste, aunque no lo habías leído, pero que creías y sabías que habla de Jesucristo; me cambiaste mi vida y te doy las gracias”.

Jan Carlos me enseñó una lección pequeña sobre tener fe y el servicio.  Yo no sabía que solo por regalar el Libro de Mormón era un acto de servicio y de fe.  Me dijo que leyera 1 Nefi 3:7, cambió unas cuantas palabras y dijo: “Y yo Hiram dije a mi padre: Iré y haré lo que el Señor me ha mandado, porque sé que él nunca da mandamientos a los hijos de los hombres sin prepararles la vía para que cumplan lo que tú me has mandado”.

De ese tiempo yo aprendí sobre la fe y el servicio a nuestro Padre Celestial.  Doy gracias al Señor por cuidar a Jan Carlos.  Nosotros somos jóvenes. Ahora Jan Carlos está sirviendo una misión en Australia, y yo un futuro misionero.

Un acto de servicio tan pequeño puede cambiar vidas porque si las personas lo sienten y tienen fe, solo con abrir la primera página del Libro de Mormón abrirá el corazón.  Tener esa fe tan pequeña crecerá y abrirá muchos otros corazones.  Y digo, por favor, no tengan miedo.  Solo decir yo creo en el Libro de Mormón y sé que habla de Jesucristo.  Con humildad y fe sé que esa persona lo abrirá y deseará saber más.

Sé que el Señor vive, sé que por medio del servicio podemos abrir muchos corazones y  hacer crecer la fe por pequeña que sea.