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¡Ya podemos ser una Familia Eterna!

¡Ya podemos ser una Familia Eterna!

Era septiembre del 1977 cuando me bauticé en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en Queens, New York, Estados Unidos de América.

En los primeros días luego de haberme bautizado tuve un sueño con mi padre que había fallecido en el año 1967 en el cual me decía muy feliz “Ya podemos ser una familia eterna”. Desde ese instante comencé a tener interés por trabajar en mi genealogía.  Llenaba los formularios con los datos de mis familiares y los enviaba por correo al estado de Utah, USA para que realizaran las ordenanzas del templo por ellos, después de un tiempo recibía una notificación del templo indicándome que la obra de los nombres que había sometido había sido realizada, este proceso era lento, pero no fue motivo de desánimo,  por lo que continué haciendo esto por años.

En el año 1987 decidimos mudarnos y vivir en Puerto Rico, fue aquí me involucré en mis obligaciones de esposa, madre y presidenta de la primaria de mi barrio y fui dejando a un lado el trabajar con la obra genealógica. En noviembre del 1988 me vi muy delicada de salud al punto que casi pierdo la vida, por causa de un paro cardíaco; bajo estas condiciones, estando en el hospital no sé si fue un sueño o una realidad vi a Jesucristo con una túnica muy blanca y a mi tío Hernán quien había fallecido vestido de blanco, él me dio la mano y me dijo: “Vámonos, ya has sufrido mucho aquí”, a lo que yo contesté: “no puedo irme aún porque mi hijita está pequeña y me necesita y todavía no he terminado con la genealogía”.

Una vez recuperada de mi estado de salud, luego de esta experiencia nuevamente volví a preocuparme por mis antepasados y la obra en el templo, a este punto de mi búsqueda era mucho más difícil encontrar información ya que mis familiares eran de Costa Rica y de Armenia y no había mucha información disponible, lo poco que obtenía lo conseguía cuando viajaba a Costa Rica por medio de mis familiares.

En el barrio de Guaynabo, estaca de San Juan,  Puerto Rico en el año 2008, se compartió una capacitación, donde nos enseñaron como usar los nuevos sistemas de la Iglesia para trabajar genealogía: new.familysearch y familysearch.  Estos nuevos sistemas fueron una gran bendición y me brindó la oportunidad de trabajar en la búsqueda de datos de mis antepasados desde mi propia casa, todas las mañanas me levantaba a las 5:00 a.m. con ánimo para trabajar en la genealogía familiar.

Trabajando cada día en mi genealogía, un día soñé que tocaron la puerta de mi casa, cuando abrí la puerta entraron muchas, muchas personas que venían de Costa Rica a visitarme y llenaron toda la sala de mi casa.  Yo les pregunte: ¿Pero por qué vinieron todos a la vez? ¿Por qué no me avisaron para yo prepararme?  Una mujer me dijo: “Estamos aquí para estar contigo y ayudarte hasta que termines”.  Al principio no entendía el sueño pero después comprendí que ellos eran mis antepasados y que estaban a mi lado para que yo pudiera terminar su obra.

A partir de este sueño, el trabajar con mi obra genealógica empezó a ser más fácil, encontré más información disponible, ya que la Iglesia puso a disposición más recursos, como certificados de nacimientos en los cuales se podían encontrar los nombres de los padres y abuelos.

Ya para noviembre del 2008 tuve la oportunidad de someter al templo 80 nombres de mis antepasados y un año después sometí 344 nombres adicionales de mis antepasados fallecidos.

En Doctrina y Convenios Sección 2: 1-2 dice: “He aquí, yo os revelaré el sacerdocio, por conducto de Elías el profeta, antes de la venida del grande y terrible día del Señor. Y el plantará en el corazón de los hijos las promesas hechas a los padres, y el corazón de los hijos se volverá hacia sus padres”.

Siento que mi corazón está más unido a mis amados antepasados, he aprendido a quererlos al conocerles por medio de la obra genealógica.

Sé que estamos en la Iglesia verdadera y que mis amados familiares que ya no están con nosotros, hoy están unidos esperando la oportunidad de encontrarnos otra vez y sin duda, ¡Ya podemos ser una familia eterna!