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¡Sabemos que los milagros no han cesado!

¡Sabemos que los milagros no han cesado!

Luego de su día de preparación, élder Mooney y élder Stark de la misión República Dominicana, Santo Domingo Oeste, se comunicaron por teléfono con las familias que enseñan para coordinar sus citas.

La primera cita programada quedaba lejos de la casa de los misioneros, llegar al lugar les tomaba veinte minutos caminando, con ánimo llegaron al encuentro y para aprovechar el tiempo comenzaron inmediatamente a enseñar sobre el plan de salvación a sus investigadores,  mientras  enseñaban su celular sonó, usualmente los misioneros no contestan las llamadas  para no interrumpir el ambiente de reverencia que se esfuerzan por tener durante las visitas, sin embargo en esta ocasión el sentimiento que les embargó es que debían parar y tomar dicha llamada.

Uno de los misioneros contestó: 'Hola, buenas noches,' del otro lado alguien respondió al saludo:- 'élderes, tengo una emergencia y necesito que lleguen a mi casa lo más pronto posible.' La voz les era familiar pues era una hermana del barrio.

Terminaron la lección con una oración y emprendieron la marcha. La casa de la hermana queda distante de donde se encontraban los misioneros, así que, como querían llegar rápido pensaron que la ruta más rápida sería tomar unos atajos por los 'callejones', estos atajos son el camino más corto para llegar, pero normalmente ellos los evitan, especialmente por la noche, pues para llegar hay que cruzar un río.

Los misioneros comentaron: “En el tiempo que tenemos en esta área, hemos cruzado el rio varias veces, siempre hay lodo por todos lados y la única manera de cruzar es por medio de algunas piedras inestables colocadas entre la hierba alta, sabíamos que al cruzarlo corríamos el riesgo de caer y mojarnos, pero mojados o secos había que llegar pronto donde la hermana.”

“Seguimos caminando a una velocidad apresurada, y llevando una oración en nuestros corazones. En pocos  minutos llegamos a la orilla del río, estando ahí prendimos el foco para buscar como saltar a la primera roca, y lo que vimos fue un milagro... ¡No había ni una gota de agua en el cauce! Cruzamos el río en tierra seca igual que los hijos de Israel lo habían hecho hace miles de años. Con el ánimo que sentimos al ver que el Señor nos estaba preparando la vía, llegamos corriendo a la casa de la hermana.”

“Fuimos los primeros en llegar y responder al llamado, pudimos apoyarla, ofrecerle  consuelo y una bendición de salud, nos sentimos muy bendecidos y felices al saber que El Padre Celestial cuida de todos sus hijos, Él sabía dónde nosotros íbamos a estar y el camino que íbamos a tomar.”

“Como Él nos promete en el Libro de Mormón en el libro de 1 Nefi 3:7, si vamos y hacemos 'lo que el Señor nos ha mandado,' Él nos preparará la vía para que cumplamos lo que tenemos que hacer. Sabemos que esta experiencia es un testimonio de Su promesa.”

“¡Sabemos que los milagros no han cesado! Nuestro Padre Celestial nos ama y quiere ayudarnos a llevar a cabo su Obra en esta dispensación. Si vivimos vidas dignas, y seguimos los susurros del Espíritu Santo que Él nos dará en el debido momento, El Señor nos hará posible todas las cosas. Como misioneros de esto testificamos.