Saltar navegador principal

Tu testimonio y el Libro de Mormón

Imagen

José Smith dijo que el Libro de Mormón “era el más correcto de todos los libros sobre la tierra, y la piedra clave de nuestra religión; y que un hombre se acercaría más a Dios al seguir sus preceptos que los de cualquier otro libro” (Introducción del Libro de Mormón). El Libro de Mormón es un poderoso testigo de Jesucristo y de Su evangelio restaurado. Saber que esto es verdad lo cambia todo.

Las personas que escribieron los siguientes testimonios llegaron a convertirse a Jesucristo y a Su evangelio gracias a sus experiencias al leer el Libro de Mormón y orar al respecto. Leer y orar con sinceridad acerca del Libro de Mormón también puede cambiar tu vida.

Tú solo lee y ora

Por Michael Peak, Idaho, EE. UU.

Imagen

Cuando tenía diecisiete años, una amiga me dijo que era mormona. En aquel entonces yo no tenía ni idea de lo que era un mormón. Mis padres no me hacían ir a la iglesia, así que no sabía mucho sobre la Biblia ni sobre Dios, ni tampoco quería saber. “Si quiero saber algo sobre ello, lo averiguaré por mí mismo”, le dije a mi amiga.

Al ver que no estaba muy interesado en la Iglesia, simplemente me dio una copia del Libro de Mormón. Luego me pidió que lo leyera y orara sobre él. No me presionó ni se decepcionó porque yo no quisiera escuchar acerca de la Iglesia. Todo lo que ella quería era que leyera y orara.

Esa noche, cuando abrí el libro, vi su testimonio en la primera página. Mientras leía su testimonio, sentí que debía aprender más en cuanto a ese libro. De modo que comencé por 1 Nefi. No podía dejar de leer. Necesitaba saber más.

Poco después fui a una noche de hogar con su familia, en la que me enseñaron acerca del evangelio de Jesucristo. Aunque yo no sabía nada del Evangelio, todo parecía tener sentido. A medida que seguía aprendiendo, mi actitud sobre la Iglesia, Dios y Jesucristo cambió. Por una vez en mi vida deseaba saber lo que Dios quería que yo hiciera. Pronto me enseñaron los misioneros y fui bautizado y confirmado como miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

El Libro de Mormón cambió mi vida. Cuando miro atrás puedo ver cómo el Espíritu Santo me ayudó a desear aprender más. El Evangelio me ayudó a saber quién soy, de dónde vengo y adónde puedo ir si soy fiel. Estoy agradecido por mi amiga, quien lo compartió conmigo y me mostró que un verdadero amigo comparte las verdades del Evangelio.

Aceptar el desafío de un profeta

Por Portia Marjorie J. Alvaro, Texas, EE. UU.

Imagen3

Mi familia se mudó de Filipinas a los Estados Unidos cuando yo tenía once años de edad. La adaptación al principio fue difícil pero, una vez que aprendí a hablar inglés, rápidamente adopté la cultura popular. Me encantaba escuchar música pop, probar diferentes peinados y vestirme a la última moda. No tenía un testimonio; más bien, tenía una actitud rebelde.

Mi vida dio un giro cuando decidí aceptar el desafío del profeta de leer seriamente el Libro de Mormón. Lo leí de tapa a tapa y sentí algo maravilloso, pero seguía sin estar segura de si era verdadero o no.

Nerviosa, puse a prueba la promesa que se encuentra en Moroni 10:4–5. Esperaba que aparecieran ángeles, pero no sucedió nada, y pensé: “¿Eso es todo?”.

A pesar de mi decepción, continué estudiando el libro. Una noche soñé con el Libro de Mormón. Cuando desperté, sentía mi pecho arder, así como paz interior y confianza. Pensé: “Es esto. Esta es mi respuesta”.

Después de aquella experiencia mi confianza aumentó muchísimo. Me iba mejor en los estudios, asistía a más actividades escolares y, lo más importante, pasé a ser muy activa en la Iglesia. Continué estudiando el Libro de Mormón y aplicando sus enseñanzas a mi vida. Las experiencias que tuve mientras leía el Libro de Mormón se convirtieron en anclas para mí en mi vida.

 

El libro que me salvó la vida

Nombre omitido

IMagen9 Detalle de Mirad a vuestros pequeñitos, por Robert Barrett

Mi familia y yo nos unimos a la Iglesia cuando yo tenía doce años. En ese momento, no tenía ni idea de la magnitud de ese don. Ni siquiera sabía si la Iglesia era verdadera, pero mi padre y mi madre quedaron impresionados por el mensaje que llevaban los misioneros. A mí también me simpatizaban los misioneros, pero no entendía muy bien lo que estaban diciendo. Finalmente nos invitaron a bautizarnos, y mi familia decidió que o nos uniríamos como familia o ninguno lo haría. Estuve de acuerdo y me bauticé sin haberme convertido.

Asistí a la Iglesia y a Seminario, pero más tarde mi familia dejó la Iglesia. Yo tenía amigos en la Iglesia e iba a Seminario y a la Mutual para estar con ellos. No me interesaba el Evangelio ni las enseñanzas, y pensaba que la Iglesia era en general aburrida. Me metí en aprietos cuando comencé a participar en actividades tales como el hurto en tiendas y vandalismo. Mi padre se volvió violento y pensé en el suicidio.

Sin embargo, el suicidio nunca fue una opción. No podía hacerle eso a mi madre, a quien amaba profundamente. Así que lo que me quedaba era encontrar una respuesta. Miré a mi alrededor y vi a mis amigos de la Iglesia. Lo único que ellos tenían y yo no era un testimonio. Así fue que a la edad de 16 años, cuatro años después de mi bautismo, me senté a leer el Libro de Mormón por primera vez.

Fue difícil y me llevó casi dos años. Cuando leí en 3 Nefi acerca de la visita del Salvador a los nefitas después de Su resurrección, en la cual bendice a sus niños y descienden ángeles del cielo y los rodean, fue como si yo estuviera entre los nefitas y viera con mis propios ojos ese acontecimiento milagroso. El Espíritu Santo dio testimonio de ese gran momento.

No pude leer más, pues mis ojos se empañaron por las lágrimas. Cuando recuperé la compostura, continué leyendo. Pasaron algunas semanas más y terminé el libro, me arrodillé y oré para saber si era verdadero. Pero no obtuve respuesta.

Pasaron los días; yo me arrodillaba regularmente y suplicaba para saber si el libro era verdadero, si la Iglesia era verdadera, pero aun no tenía ninguna respuesta. Desesperado, semanas después de haber terminado de leer, me arrodillé una vez más y pregunté: “Padre Celestial, ¿es verdadero el Libro de Mormón?”. La respuesta que llegó no fue lo que esperaba: “Ya te lo he dicho. Sabes que lo es”.

Había obtenido mi testimonio semanas antes, cuando leí sobre Cristo bendiciendo a los niños. Sabía que esta Iglesia, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, es el reino de Dios sobre la tierra, restaurado por un profeta y dirigido por un profeta, como en la antigüedad.

No es exagerado decir que el Libro de Mormón salvó mi vida, pero sería más exacto decir que el Evangelio restaurado me salvó y continúa renovándome y nutriéndome cada día. Es mi posesión más preciada.

Puedes saber por ti mismo

Ya sea que tengas un testimonio del Libro de Mormón o quieras obtener ese testimonio por ti mismo, leer el Libro de Mormón y orar al respecto aumentará tu conversión.

El Libro de Mormón nos ayuda a todos a acercarnos más a Jesucristo. El Libro de Mormón te ayudará a saber que Jesús es el Cristo, que José Smith fue un profeta y que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es la verdadera Iglesia de Dios sobre la tierra. Abre tu corazón al tiempo que abres sus páginas y verás cómo tu vida cambia para mejor.