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Voces de los Santos

Seguimos caminando a una velocidad apresurada, y llevando una oración en nuestros corazones. En pocos minutos llegamos a la orilla del río, estando ahí prendimos el foco para buscar como saltar a la primera roca, y lo que vimos fue un milagro... 
... y lo más rápido que pudo batalló cojeando al cruzar la calle, se dirigió rápidamente hacia nosotros gritando, “¡Élderes!, ¡Élderes!, ¡Élderes!”. ¡Estaba tan emocionada al vernos! Nos preguntó, “¿Qué hacen aquí? ¡Pensé que la Iglesia no existía en la República Dominicana!”
No podía creer que ese momento había llegado, que mi deseo de entrar en la Casa del Señor con un hombre virtuoso y digno poseedor del sacerdocio se había vuelto realidad...
Cuando nos reunimos con ellos por primera vez habíamos investigado tanto sobre el llamamiento que ellos nos dijeron: vinimos a darles instrucciones, pero vemos que ustedes ya saben mucho sobre sus responsabilidades.
Ambos entraron al Templo de Santo Domingo lugar donde se vieron por primera vez, sin embargo en esta ocasión lo hicieron para dar inicio a una vida juntos por esta vida y la eternidad. ¡Nunca habían imaginado que se podía amar tanto!.
Poco a poco todo se fue poniendo en su lugar, las bendiciones del cielo llovían a cántaros y pudimos sentir el amor del Salvador en los momentos difíciles y angustiantes, esa prueba fortaleció nuestra relación y testimonios, nos ayudó a ser humildes y reconocer que todo, sin excepción, viene de Dios, nuestro Padre
Como misioneros sabemos que el Señor vive, que él nos ama y escucha las oraciones cuando son justas, nuestros testimonios de que Él vive, y nos ama se han fortalecido por medio de estas experiencias.
Hay un mito que dice: “Aún tener un amigo fiel que lo quieres nunca prevalecerá en la vida contigo”.  Yo no creo en eso.  Yo sí creo en los amigos fieles.
Al verles con tanta alegría les pregunté qué hacían en mi casa pues eran más de las 2:00 am y tenía que acostarme. Uno de ellos me dijo: “Estamos celebrando, pero ya nos vamos”.
Siento que mi corazón está más unido a mis amados antepasados, he aprendido a quererlos al conocerles por medio de la obra genealógica.