Prepara tu corazón

  


De los Setenta

“Por tanto, prepara tu corazón para recibir y obedecer las instrucciones que estoy a punto de darte…” (D. y C. 132:3)

En los momentos en que el Señor va a exigir una labor extraordinaria o una prueba mayor de Su pueblo, Él les alerta por medio de Sus profetas y utiliza palabras tales como “Prepara tu corazón”.  ¿Por qué hay que preparar el corazón?  ¿Cómo lo hacemos?

El por qué del corazón

Según el Élder Marvin J. Ashton, el Señor mide nuestro corazón (1 Samuel 16:7) para saber lo que podemos dar y alcanzar, en base a nuestra fortaleza e integridad en el servicio de los demás. (Marvin J. Ashton, “The Measure of Our Hearts”, pág. 2)  Nuestra capacidad de dar es directamente proporcional a nuestra capacidad de amar.

Continúa diciendo el Élder Ashton que la medida de nuestro corazón es la medida total de nuestro desempeño. ( Ashton, pág. 2)  En última instancia, seremos juzgados (la manera final del Señor medirnos) tanto por nuestras acciones como por los deseos de nuestro corazón (D. y C. 137:9; Alma 41:3).

Cómo preparamos el corazón

La manera de preparar nuestro corazón puede conllevar variadas acciones, según nuestras circunstancias de lo que necesitamos hacer y llegar a ser para poder enfrentar pruebas y actuar de acuerdo a la voluntad del Señor.  En términos generales, me gustaría sugerir cinco pasos que podemos implementar en esta importante tarea:

1. Incrementar nuestra fe                                                                                                

La fe a la que me refiero es la fe en Jesucristo, pues es la única que nos puede llevar a recibir las bendiciones de Su Evangelio, incluso a la Exaltación.  Este aumento en fe en el Señor lo logramos por medio de pedirle  a Él (Lucas 17:5) por medio de oraciones en las que clamamos y suplicamos por este vital principio de acción.  También podemos recibir un aumento de fe al recibir la palabra del Evangelio (Alma 32:28-29; Romanos 10:14-17).  La obediencia a mandamientos y convenios nos proporciona un incremento sustancial en nuestra fe en Jesucristo (Éter 12:4, 6, 12; D. y C. 63:9-12).

2. Desarrollar mayor amor por las personas

En Moroni 7:47-48 leemos: “pero la caridad es el amor puro de Cristo, y permanece para siempre; y a quien la posea en el postrer día, le irá bien.  Por consiguiente, amados hermanos míos, pedid al Padre con toda la energía de vuestros corazones, que seáis llenos de este amor que él ha otorgado a todos los que son discípulos verdaderos de su Hijo Jesucristo; para que lleguéis a ser hijos de Dios; para que cuando él aparezca, seamos semejantes a él, porque lo veremos tal como es; para que tengamos esta esperanza; para que seamos purificados así como él es puro. Amén”. 

A mí me impresiona ese término que el Salvador emplea en esta escritura, “le irá bien”.  En el contexto en que Jesucristo se expresa y lo que para Él es estar bien, claramente representa de las mayores bendiciones, que sobrepasan nuestro entendimiento. 

Debemos buscar llenar también nuestros corazones de caridad, que es el amor puro de Cristo.  Ello aumentará nuestra capacidad de ser acompañados, edificados, guiados, fortalecidos por el Espíritu Santo en nuestra preparación para lo que el Señor desee que nosotros enfrentemos.  De las mejores maneras que yo conozco de poseer caridad es el estudiar y buscar apreciar cada vez más el sacrificio expiatorio de Jesucristo, como la mayor muestra de amor del Padre y del Hijo.

3. Estudiar y escudriñar la Palabra

En Juan 5:39, el Salvador explica como la ley de los testigos se aplica a lo que concierne a tener un testimonio de Él como el Mesías, el Redentor del Mundo.  Las personas a quienes Él  se dirigía pensaban que por el simple hecho de leer las Escrituras, podían alcanzar la vida eterna.  Jesucristo les enseña que no es por el acto de leer las Escrituras que la vida eterna se obtiene, sino por el hecho de que las Escrituras testifican de Él, y es por medio de venir a Él que podemos alcanzar la salvación.  No hay otro camino de vuelta al Padre Celestial, sino por la gracia y los méritos de Jesucristo.  Sí es un mandamiento para los que le siguen el estar enfrascados con sumo deleite en obtener conocimiento del evangelio.  Al aplicarlo a nuestras vidas, nos fortalece para vivirlas a la manera del Salvador.                      

4. El proveer servicio verdadero

El enfocarnos en las necesidades y oportunidades de servir a los demás desplaza acertadamente nuestro enfoque en nosotros mismos para enfocarlo en los demás y así prepara nuestros corazones para seguir el Camino que lleva a la Exaltación. El hermano Udine Falabella, padre del Élder Enrique R. Falabella, solía expresarlo como sigue, “Se puede servir sin amar, pero no se puede amar sin servir”.  En ello radica nuestra fortaleza en el Señor, pues Él se deleita en apoyar y sostener a los que le sirven con amor y en obediencia a Su voluntad.  Para ello hay que ser humildes y estar dispuestos a trabajar por el bien ajeno, sin importar que suele ser inconveniente para nosotros el hacerlo (Mosíah 2:17; Gálatas 6:2; D. y C. 76:5)

5. La obra de Historia Familiar y Templo

En el mundo hay en la actualidad 136 templos en operaciones y sobre treinta más en construcción o ya anunciados para en el futuro comenzar su construcción.  Junto con la gran obra de los últimos días de proveer la salvación a familiares ya fallecidos por medio del evangelio de Jesucristo y las ordenanzas más sagradas del Sacerdocio, los templos son uno de los lugares altos donde podemos acudir a nuestro Padre Celestial en busca de revelación.

Al ir a participar de las ordenanzas del templo, preparados de antemano con preguntas inspiradas hechas en justicia, estudio y dignidad, nos presentamos en el templo en la búsqueda de respuestas que sólo el Padre Celestial y Jesucristo nos pueden dar.  Si llegamos temprano, podremos leer las Escrituras y meditar en ellas en lo que esperamos el inicio de la ordenanza de la que vamos a participar. De esa manera podremos aprender del Plan de Salvación con una mayor perspectiva y conocimiento dado por el Espíritu Santo, al efectuar las ordenanzas del templo.  Vendrán a nuestra mente y corazón Escrituras adicionales, principios del evangelio con claridad, en un flujo de ideas y sentimientos.  Al concluir la ordenanza, si permanecemos en meditación, sin prisa, podremos meditar más en lo que aprendimos.  El orar en el templo trae consigo mayor revelación, que corresponde a este mayor nivel de preparación.  Les prometo que las respuestas vendrán de una manera certera y especial.  Nuestra participación en el templo es de lo mejor que podemos hacer para preparar nuestro corazón.

Las bendiciones de preparar nuestro corazón

El preparar nuestro corazón bendecirá sublimemente nuestras vidas con mayor conocimiento del Plan de Salvación, el Evangelio de Jesucristo, junto con un mayor compromiso de cumplir con los convenios que hemos hecho con Él.  Tendremos entonces la inigualable bendición de experimentar el proceso del progreso en nuestro corazón.  Podremos entonces experimentar el cambio de un corazón duro, a uno blando, a uno limpio, a uno puro, también sincero, en el camino a lograr tener un corazón perfecto, a la manera de Cristo.  En Su bendito nombre, Amén.