El Poder de la Oración


De los Setenta

El sábado 7 de febrero de 2004, me hallaba con mi esposa en un hotel de Gijón, en el norte de España, donde yo servía como presidente de la Misión España Bilbao. Al terminar la cena, revisé mi teléfono celular en busca de mensajes que todavía no había escuchado. De hecho, el teléfono indicaba haber recibido la llamada de un misionero. Vi quién era y pulsé el botón adecuado para llamarlo.

El misionero contestó al teléfono y, tras un breve saludo, le pregunté qué era lo que necesitaba. Se quedó sorprendido y respondió que no me había llamado. Yo insistí en que en mi teléfono había registrada una llamada suya, pero él me repitió que no había llamado.

Concluimos la conversación, pero cinco minutos más tarde me llamó y me dijo: “Presidente, tengo un problema que hace que me sienta incómodo y estoy muy preocupado. Oré y le pedí ayuda al Señor para saber qué debería hacer. No quería llamarle, pero mientras me hallaba orando, usted llamó. Me sorprendió mucho porque yo no le había llamado y supe que el Señor me estaba diciendo que debía hablar inmediatamente con usted”.

Conversamos un rato y el problema se solucionó.

Cuando hablé con él en persona dos días más tarde, volví a preguntarle si me había llamado.

“No, presidente”, respondió, “fue la mano del Señor”. Y me demostró que en su teléfono no aparecía que hubiera marcado mi número, ni siquiera accidentalmente.

En La Guía para el Estudio de las Escrituras, bajo el título de Oración, dice: “La finalidad de la oración no es cambiar la voluntad de Dios, sino obtener para nosotros y para otras personas las bendiciones que Dios esté dispuesto a otorgarnos, pero que debemos solicitar a fin de recibirlas.” ¡Qué interesante! Debemos solicitar las bendiciones para que podamos recibirlas, si es la voluntad de Dios. Qué sucedería si se nos concediera nuestros deseos sin pedirlos, seguramente nuestra relación con nuestro Padre Celestial sería muy esporádica o nula. Al saber que debemos solicitar lo que necesitamos aumentamos nuestra humildad, nuestra comunión con Él, nuestra espiritualidad, nuestra devoción, nuestros deseos de ser mejor. Con ese método Dios nos ayuda a que nuestro progreso sea adecuado y continuo.

El Señor dice: “Sé humilde; y el Señor tu Dios te llevará de la mano y dará respuesta a tus oraciones.” (D. y C. 112:10) ¡Qué gran bendición!, nuestro Padre Celestial nos responderá lo que sea mejor para nosotros o para nuestro prójimo, aunque a veces nos cueste entender esa respuesta que en ocasiones puede ser contraria a nuestros deseos.

Alma enseñó a su hijo Helamán: “Consulta al Señor en todos tus hechos, y él te dirigirá para bien...” (Alma 37:37) Como el misionero de la historia, debemos hacer lo que desea nuestro Padre Celestial a fin de sentir la paz que constantemente necesitamos. Aquella llamada inexplicable fue sin duda la respuesta a la oración sincera de un joven misionero.

Testifico que el éxito a la manera del Señor, que obtengamos en nuestra vida, será por motivo de las respuestas amorosas de nuestro Padre Celestial al pedido de los justos deseos de nuestro corazón.