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La importancia para nuestras vidas de asistir al Seminario

Julio Cesar Acosta

Cuando mi familia y yo llegamos a la Iglesia en la ciudad de Barahona fuimos recibidos con mucho amor por los miembros. La rama era pequeña, pero había un buen grupo de jóvenes. Para nuestra familia fue una gran bendición el llegar conocer este nuevo grupo de amigos en nuestras vidas.

No mucho tiempo después de ser miembro, y hoy confieso que aun antes de yo tener los 14 años de edad, los misioneros me introdujeron a algo llamado Seminario. Recuerdo esos cuadernillos amarillos, que contenían las clases de la semana. El libro canónico que se estaba estudiando era el Antiguo Testamento, algo completamente nuevo para mí. Dicen que recordar es vivir, y es que me viene una felicidad tan grande al corazón al recordar mis años de Seminario. Siendo una rama nueva y pequeña, las clases eran semanales, no diarias. Teníamos maestros que, aunque también nuevos en el evangelio, preparaban las clases con mucho amor. Aprender sobre la vida de Jesucristo y sus enseñanzas, el Libro de Mormón, los primeros años de la Iglesia en Doctrina y Convenios y las enseñanzas de los profetas antes y después de Jesús, llenó mi mente y corazón de conocimientos sumamente enriquecedores y me ayudó a conocer más al Salvador.

Nunca olvidaré lo que luego se convertiría en la actividad más entretenida de mí juventud: dominar los pasajes clave de las Escrituras. En las primeras actividades de Dominio de las Escrituras que recuerdo nos teníamos que aprender los versículos de Genesis 1:25-26, Deutoronomio 4:2, 1 de Crónicas 29:29 e Isaías 55:6-8.  Manejar los pasajes seleccionados para el dominio era la actividad cumbre de nuestra clase. Recuerdo que pasábamos muchas horas memorizando las Escrituras y sus aplicaciones en diferentes áreas. Cuando se realizaban los súper sábados (en esa época entre los pueblos del Sur), competíamos entre todos a ver quién al final era el que tenía el mejor dominio de las Escrituras. Siendo jóvenes - créanme que se sentía muy bien - ganar una de estas competencias de vez en cuando. Pero eso no era todo, con el tiempo, el haber podido asimilar 25 o más Escrituras de cada uno de los libros canónicos llegó a ser una fuerte base doctrinal que más adelante me ayudaría a robustecer mi testimonio del evangelio. A mis 18 años cuando salí a servir como misionero esa fue la preparación más importante que había podido tener a fin de ser un eficaz maestro del evangelio.

Yo sé que el programa de Seminario es un programa inspirado por Dios. Tiene el fin de preparar en la juventud a Sus hijos para la vida y las asignaciones que Él tendrá más adelante para nosotros. Las enseñanzas obtenidas durante años de clases me ayudaron a poder tomar decisiones correctas durante mi juventud, a tener presente que era en todo momento un represéntate de Jesucristo y ser fiel a mi sacerdocio. Durante mi misión el tener este conocimiento de las Escrituras me facilitó el poder enseñar y testificar de Él. En muchas ocasiones las Escrituras aprendidas con el Dominio de Escrituras fueron las que me permitieron ayudar a otros a aclarar dudas y aceptar al Salvador. Al comenzar mi vida de adulto y recibir asignaciones del Señor era palpable como al enseñar hacia uso de las enseñanzas de mis años de Seminario. De hecho, me podía dar cuenta que más de la mitad de las Escrituras que usaba las había aprendido en Seminario. La realidad es que todavía son la base y una gran parte de lo que hoy conozco del evangelio.

Otra bendición que he tenido es la de ser padre de dos estudiantes de Seminario. Mis dos hijas ya se han graduado, pero durante cuatro años las llevé cada mañana a las clases en nuestro barrio. Eso me brindó una vez más la oportunidad de sentir el espíritu que viene con este maravilloso programa. Verlas cada mañana levantarse a las 5:30 y prepararse, verlas repasar sus asignaciones y las clases durante el día y en muchas ocasiones poder hablar con ellas sobre lo aprendido en las clases traía siempre buenos recuerdos y profundo espíritu de gratitud por tener tal bendición.

Hay muchos padres que no tuvieron la oportunidad de asistir a Seminario y eso hace que en ocasiones no comprendan en su plenitud el gran valor que éste puede llegar a tener en la vida de sus hijos. Ciertamente el levantarse temprano puede ser complicado, en algunas áreas puede ser algo inseguro o en ocasiones la distancia al lugar de la clase también puede ser un desafío. Hoy les digo a mis amados hermanos, padres y madres en Sion, que no hay sacrificio que pueda ser de más valor, que pueda dar el mayor fruto, que sea de mayor trascendencia en la vida de sus hijos que el ver a sus padres apoyarles con amor y dedicación en sus clases de Seminario. El sentimiento de felicidad, de gratificación por saber que como padres cumplimos con tal asignación del Señor, llenará nuestro corazón y será de un valor infinito.

Padres, la nueva aplicación creada por la Iglesia para padres de Mi Seminario (My Seminary), es maravillosa. Les ayudará a inscribir y seguir el proceso de sus hijos durante todo el Seminario, obténganla y denle un buen uso, comenzando este año.

Imagen jóvenes Seminario

Hoy día los fundamentos del Seminario permanecen. Se le enseñs a los jóvenes a dominar la doctrina asociada con las Escrituras más que memorizarlas. Se les anima a durante el año de Seminario a leer el libro canónico que se estudia. Por eso digo que la preparación de todo buen misionero o misionera comienza en el hogar y continúa cada día en sus clases de Seminario. Para muchos jóvenes no habrá otra una mejor oportunidad de aprender doctrinas como la fe en Jesucristo, el arrepentimiento, el plan de salvación, la restauración, el día de reposo y la obra del Templo, entre otras. De allí ellos saldrán preparados para ser testigos de Cristo entre aquellos a los se les llame a servir.

El profeta Alma aconsejaba “¡..aprende sabiduría en tu juventud; si, aprende en tu juventud a guardar los mandamientos de Dios!”. (Alma 37:35)

Hoy testifico mis queridos jóvenes y a ustedes buenos padres en Sion, del gran efecto que tendrán las clases de Seminario en fortalecer su fe y compromiso de servir y seguir al Salvador. Ruego que ninguno de nuestros valiosos jóvenes pierda la oportunidad de asistir al Seminario. Allí recibirán enseñanzas que durante toda su vida les guiarán por un camino de gozo al llegar a conocer más de cerca a nuestro Salvador Jesucristo. Sé que así será. Amen.