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¡La ansiedad te doblega solo para refinarte!

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En julio de 2015, mientras servía como misionera en la Misión Florida Fort Lauderdale, mi mente recibió la visita inesperada de un extraño llamado ¨ansiedad¨. Hay muchas maneras de describir qué es la ansiedad y por qué aparece de repente en nuestra vida. Muchas personas dicen que es una alarma automática que se apaga cuando alguien se siente amenazado o bajo presión. ¿Estaba amenazada o bajo presión? ¿Por qué recibí esa visita? 

Recuerdo que de repente sufrí mucho dolor físico en mi pecho y tenía dificultad para respirar. Visité a los médicos muchas veces, pero la cantidad de evaluaciones no podían determinar con precisión lo que causaba que me sintiera enferma.

A medida que pasaban los meses, comencé a sentirme con menos y menos energía en la obra misional. Esa chispa que tenía parecía haber desaparecido. Me sentía muy sola y perdida. No podía poner los pies sobre la tierra. Sentía como que había perdido el balance y el propósito, y no podía hallar alguna explicación a lo que realmente me sucedía. Todo lo que hacía era como un esfuerzo aun cuando lo daba todo.

Comencé a sentir pánico, incluso cuando hacía las cosas más sencillas. El abrir mi boca para predicar el Evangelio era muy difícil porque había perdido la confianza en mí misma. Comencé a evadir todo lo que me hiciera sentir presionada o en peligro. Recuerdo días en los que no sentía paz o esperanza. Mi mente estaba acelerada y no se detenía. Tenía dentro mucha rabia y frustración. Estaba atada entre dos paredes que se acercaban a mí, y me estaba asfixiando y nadie lo sabía. Todos mis pensamientos consistían en: “Qué pasaría si”. ¿Qué pasaría si perdiera para siempre mi verdadera identidad? ¿Qué pasaría si otras personas saben de mí, qué pensarían? ¿Qué pasaría si he cambiado para siempre? ¿Qué pasaría si esta es la manera en que pasaré el resto de mi vida?

Nadie comprendía lo que estaba pasando dentro de mi cabeza. En realidad, sentía como si todos estaban en mi contra. Sentía como si el Padre Celestial me estaba castigando por algo que hice. Me sentía sola y abandonada por mi Salvador. Este sentimiento se mantuvo por aproximadamente tres meses, y luego de mucha oración y consideración, decidí que lo mejor para mí era regresar a casa. Sabía que sería difícil; sabía que me harían muchas preguntas y que regresar a casa sería tan difícil como quedarme.

Luego de regresar a casa, batallé por meses para adaptarme a todo. Mi familia no sabía qué significaba para mí tener ansiedad, así que sabía que estaba sola descubriéndola. Lo interpretaban como sentir miedo, pero sabía que la ansiedad no solo era totalmente miedo, sino el resultado de ella. Recuerdo diciéndole a alguien que yo tenía ansiedad y me comentó: '¿Cómo puedes tener ansiedad cuando estás sirviendo a Dios?'. Imaginen cómo me hizo sentir eso. Básicamente me habían dicho que no se suponía que tuviera ansiedad o temor porque estaba sirviendo a Dios. En verdad, me sentía como una alarma rota que no se podía armar de nuevo. Me sentía física y mentalmente doblegada.

Finalmente llegué a la conclusión de que o seguía como estaba o hacía algo al respecto. Me arrodillé sintiéndome doblegada como siempre y derramé toda mi alma a Dios. Le expresé a mi Padre Celestial que iba a poner toda mi confianza en Cristo y en Su expiación para sanarme de esta enfermedad mental. Sabía que si ponía mi mejor esfuerzo en ayudarme a mí misma, mi Salvador haría Su parte. Luego de esa oración, he sentido una paz que no había experimentado por mucho tiempo. Tuve un nuevo sentido de pertenencia y propósito. En verdad había tenido acceso a ese poder sanador.

Continué en el trayecto de aprender todo lo que podía acerca de la ansiedad. Comencé a estudiar sobre las diferentes causas y los tratamientos para la ansiedad. Mi camino de sanación comenzó cuando pude comprender qué tipo de ansiedad tenía. Llegué a darme cuenta que tenía un trastorno de ansiedad generalizado y ataques de pánico. Ahora podía darle un nombre a mi preocupación persistente y temor intenso, y al temblor y nerviosismo habituales. Supe que tenía que hacer muchos cambios en mi estilo de vida. Entre otras cosas, comencé a ejercitarme cada día, a dormir más, comer menos azúcar y a tomar más agua. Una de las cosas más grandes que tenía que hacer era a aprender cómo controlar mis pensamientos. Debía tener un período en el que me preocupara; lo llamé “mi período de preocupación”. Aprendí sobre diferentes tipos de terapias, incluso una de Aaron Beck denominada “terapia cognitivo conductual”. En este tipo de psicoterapia, se desafían los modelos negativos sobre uno mismo y el mundo con el fin de modificar la conducta no deseada. Con este nuevo conocimiento, tuve el poder de controlar cómo me sentía.

En la actualidad me siento con más vida que nunca. Todavía tengo días en los que siento pánico, ansiedad y preocupación, pero sé cómo controlar mis pensamientos y no permitir que el miedo a lo desconocido se apodere de mí o cause que me vuelva a llevar a ese lugar. Sé quién soy ahora como persona y cuál es mi propósito como individuo. Deseo ayudar a otras personas a superar lo que yo superé. Nunca he estado más alerta, fuerte y optimista acerca del futuro.

Mi ansiedad me mantiene alerta del peligro mental y físico; me lleva a ser humilde porque conozco mis limitaciones. Sé que no puedo ir más a prisa de la fuerza que tengo.

La persona que soy en la actualidad no existía hace dos años. He recibido nuevos ojos. Ahora veo el mundo de manera tan diferente; puedo observar a aquellos que están sufriendo de enfermedades mentales. Sé lo que se siente y he desarrollado la empatía que necesitaba para ayudar a los demás. El Señor no quitó la ansiedad, pero Él me dio la fortaleza para vivir con ella. Sanó mi corazón. Mi sanación vino de una manera que pude comprender por qué sucede esto y cómo puedo usarlo para ayudar a otras personas.

Creo más que nunca que el Padre Celestial no nos da más de lo que podemos soportar. Él nos ama y debido a ello permite que sucedan ciertas cosas en nuestra vida. Esas cosas nos hacen más fuertes y son un impulso para otras personas que están batallando. Creo que, si aceptamos nuestras pruebas, si aprovechamos lo que el Señor nos ha permitido que sobrellevemos, si miramos la vida con una perspectiva eterna, serán más fáciles de soportar. Él tiene mejor conocimiento que nosotros, y a veces eso significa que Él cambiará nuestro camino para que podamos ser lo que Él desea que seamos.