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Un mensaje de texto que hizo la diferencia en mi vida

Un mensaje de texto que hizo la diferencia en mi vida

Cuando conocí el evangelio, aceptarlo fue fácil, mi hermano se había bautizado en la Iglesia y yo era solo una jovencita de 15 años de edad.

Me bauticé en la Iglesia luego de 6 meses investigándola, sin embargo para la fecha de mi bautismo ya había leído por completo el Libro de Mormón lo cual me ayudó adquirir mi propio testimonio de la restauración del evangelio.

Al bautizarme con 15 años de edad forme parte de la organización de Mujeres Jóvenes y al cumplir mis 18 años de edad pasé a la organización de la Sociedad de Socorro.

Un domingo, mientras asistía a  la lección dominical de la Sociedad de Socorro, una hermana hizo un comentario que me molestó y me ofendí,  desde ese dia comencé alejarme de la Iglesia; primero comencé a llegar tarde a las reuniones de los domingos, a no participar de los programas y para cuando me vine a dar cuenta ya había dejado de asistir por completo.

Pasaron varios meses desde que había asistido por última vez a la Iglesia, sentía que yo no era necesaria en ella, pues aparentemente nadie había notado mi ausencia durante todo ese tiempo. Una noche recibí un mensaje de texto por celular de una amiga de la Iglesia, ella estaba preocupada porque hacia ya un tiempo que no me veía participando en la misma y había notado que me estaba alejando cada dia más, luego de intercambiar algunos mensajes finalmente me invitó a visitarle en su casa para conversar un poco más de mis sentimientos, me comprometí y tomé la decisión de ir, esa noche hablamos por un buen tiempo, tras lo cual ella me invitó a conversar con mi obispo de las inquietudes que tenía y volver a la Iglesia.  Este mensaje de texto de alguien que notó mi ausencia fue crucial en mi vida e hizo la diferencia y me dio el impulso de volver y retomar el camino correcto.

En los días que siguieron luego a esta conversación hice la cita para hablar con mi obispo y comenzar a trabajar inmediatamente en mis metas espirituales y mi activación en la Iglesia. Unos de mis sueños había sido servir como misionera de tiempo completo, lo cual nuevamente había vuelto a ser posible, tras seguir los consejos de mis líderes y con la ayuda de los miembros comencé nuevamente mi preparación misional. El camino fue largo, pero siento que valió la pena, vencí muchas pruebas y dificultades,  pero todas ellas me han fortalecido para continuar en el  camino y perseverar hasta el fin.

He recibido muchas bendiciones por venir nuevamente  a Cristo, la principal es el haberme preparado para asistir al templo y realizar mis ordenanzas personales, otra de ellas fue el  compartir y escuchar los consejos de mis líderes y servir nuevamente en algunos llamamientos como parte de mi preparación.

Fui bendecida con la oportunidad de  trabajar en las oficinas de la Iglesia como voluntaria en el proyecto de identificación de direcciones para localizar a los miembros de la Iglesia que no sabemos dónde están y a los que no se visita para nutrir y hermanar por esta situación, el sentimiento de encontrar una dirección que quizás corresponda a un hermano o hermana que se ha alejado del evangelio es maravilloso, esta oportunidad en conjunto con mi llamamiento de obrera en el templo me ayudaron a prepararme para salir a predicar el evangelio y buscar aquellos que quieren llegar al camino o que por alguna razón se han desviado del mismo.

Sé que Dios vive y que los convenios del templo son sagrados y que debemos cumplirlos, sé que todo lo que hacemos en él templo es verdadero, a raíz de saberlo siento y sé que mi Padre Celestial me ama y que soy Su hija.

La hermana Andrea Jardín Adames actualmente sirve una misión de tiempo completo en la Misión México Guadalajara.