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Mi búsqueda de la verdad

Mi búsqueda de la verdad

Cuando el hermano Emenegildo de Jesús Merejo era sargento mayor de las Fuerzas Armadas en la Republica Dominicana, se enfermó de neumonía y estuvo interno en un hospital por varios días. Estando en el hospital  un día escucho a un hombre predicando acerca de Jesucristo en una emisora de radio desde Puerto Rico, aun el recuerda las palabras de aquel predicador, las cuales exhortaban a los oyentes a  buscar de Jesucristo: “Estas palabras me llegaron al alma, y decidí pedirle al Señor que me ayudara a encontrar una iglesia que tuviera la verdad.”

“Tiempo después, estando en mi casa llegaron unos jóvenes misioneros de la iglesia mormona, ellos me comunicaron que traían un mensaje especial para la familia. Decidí  escucharles por unos minutos, tras lo cual me entregaron unos folletos que explicaban un poco más de la Iglesia y en seguida coordinamos un segundo encuentro. Ese mismo día hablé con la familia respecto a la Iglesia y les expresé que sentía que esa era la Iglesia que yo buscaba.”

Al cabo de cinco días los misioneros regresaron nuevamente a la casa del hermano Merejo,  pero en esta ocasión no lo recibió el solamente, sino que toda la familia se reunió para escucharles. Es así que el 23 de Octubre de 1983, el hermano Merejo y sus cincos hijos entraron a las aguas y fueron bautizados, todos menos su esposa la cual asistía  en ese tiempo a otra iglesia.

“Después de mi bautismo y el de mis hijos asistimos con regularidad a la Iglesia, sin embargo para mí era triste saber que mi esposa no estaba a mi lado, años tras años pedía al Señor por ella, para que un día diera el paso de bautizarse. Algunas veces me sentía decaído, pero  nunca perdí las esperanzas, tanto yo como mis  hijos oramos por muchos años y nos esforzamos por ser un buen ejemplo para ella, siempre le invitamos a la Iglesia, a participar de las noche de hogar y  orar juntos en familia. Muchas veces sentí que el adversario quería separarnos como familia, pero orábamos y ayunábamos para buscar la ayuda del Señor.”

“Todos estos años aunque mi esposa no era miembro de la Iglesia nos apoyó, cuando dos de nuestros hijos salieron al campo misional les escribió cartas todas las semanas, con  frecuencia asistía a las actividades y en muchas ocasiones solía defender la Iglesia cuando algunas personas hablaban mal de ella.”

Las oraciones constantes,  los ayunos, la perseverancia por años de toda la familia, el seguimiento de buenas hermanas en el barrio donde asiste la familia llevaron a la hermana Flerida Merejo aceptar que las misioneras les enseñaran casi 30 años después de que su familia se bautizara. Día tras día las misioneras con amor y paciencia compartían con ella las verdades del evangelio, es así que cuando las misioneras le preguntaron si deseaba bautizarse, ella le contesto: “Si, siento que mi vida va a cambiar.”

Para el hermano Merejo el milagro de que su esposa aceptara el evangelio que 30 años atrás él había abrazado junto a sus hijos le llenó de felicidad, él sentía que Su Padre Celestial había escuchado y contestado sus oraciones. “El 8 diciembre 2012, fue un día especial para la familia,  este día mi esposa entró en las aguas bautismales.”

La hermana Flerida comenzó inmediatamente a prepararse  para ir al Templo pues no había más tiempo que perder. Finalmente el 21 de Diciembre del 2013 el hermano Merejo vio hecho realidad otros de sus grandes sueños, sellarse con su amada esposa por el tiempo y por la eternidad en la Casa del Señor y  tener la oportunidad de ser sellados a tres de sus hijos que aún permanecen activos en la Iglesia. La hermana Flerida comenta: “Luego de sellarme con mi familia siento paz, felicidad y mucha emoción al saber que está unida para siempre.”

El evangelio restaurado ha traído muchas bendiciones a la vida del hermano Merejo, en estos 30 años de ser miembro ha visto servir misiones a dos de sus hijos, tres de ellos permanecen firmes en el evangelio, su esposa que tanto ama está unida a él por esta vida y la eternidad y actualmente su nieta mayor está sirviendo una misión de tiempo completo.

“A mis 81  años de edad conservo en mi corazón un sentimiento de gratitud porque Dios me permitió conocer la verdad”.