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El Evangelio de Jesucristo: Una perla de mayor valor

El Evangelio de Jesucristo: Una perla de mayor valor

Buscando tomar clases para un secretariado ejecutivo, conocí la Iglesia de Jesucristo de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, en aquel momento no pude entender como llegó esto a pasar, pero hoy puedo ver con claridad, lo que mi Padre Celestial tenía reservado para mí.

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En el  año 2006, fui parte de un programa de estudio de inglés, donde la directora del programa era miembro de la Iglesia, recuerdo que ella  noto en mi mucha tristeza y me expresó que el Señor me amaba mucho, tras lo cual me invitó a visitar su Iglesia. En ese entonces estaba tan agobiada por mi trabajo, los estudios y la tarea de cuidar sola a mi hijo, que no puse atención a la invitación que se me hiciera en ese momento.

Un año después de esta invitación, unos ladrones mataron a mi hermano para robarle una motocicleta, él sólo tenía 18 años de edad, este evento destrozó mi vida.  Me retiré de la universidad, pues no podía concentrarme debido al dolor inmenso que embargaba mi corazón. Me tomó tiempo integrarme a mis actividades habituales, pero comencé a estudiar y de vez en cuando trataba de divertirme para olvidar las cosas que me habían ocurrido, sin embargo, todo el tiempo lloraba, habían tantas cosas que no podía comprender. Esta situación afectó tanto mi vida que hasta llegué a descuidar a mi hijo, quien al verme,  me decía: “Mami soy tu hijo y estoy aquí, no llores”.

Aunque siempre anhelaba sentirme mejor, vivía algo resentida, por  la muerte de mi hermano. Fue en medio de esta situación que decidí realizar algunos cursos para continuar preparándome.  Llamé a Infotep ' Instituto de Formación  y Capacitación Técnico Profesional', quienes me dijeron que el curso que yo deseaba lo impartirían frente a la Universidad Autónoma de Santo Domingo, UASD, en el Centro de Recursos de empleo (CRE), donde también se encuentra el Instituto de Religión, de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Cuando visitaba el Centro de Recursos de Empleo para tomar mis clases, me sentía cómoda, la amabilidad y la compenetración de la gente, hacían mis días mejores; en la clase habíamos alrededor de 30 alumnos, la mayoría jóvenes miembros de la Iglesia.

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Aunque las clases no eran para hablar de religión ni convertir aquellos que no son miembros de la Iglesia, el mismo lugar de clases te inspira a que tú mismo te hagas preguntas. Recuerdo que en una ocasión alguien nos preguntó si sabíamos quiénes éramos, que pensábamos de la vida y como nos veíamos en el futuro. Al escuchar los comentarios de los jóvenes que eran miembros de la Iglesia, me llamó la atención como ellos hablaban de un excelente Padre Celestial y de Su Hijo Jesucristo, y con tanta certeza expresaban que Ellos podían quitar toda tristeza y todo dolor de las personas que así lo desearan. Fue un momento muy especial, esta experiencia cambió mi vida.

En una de estas clases todos los alumnos tuvimos un tiempo para expresar como nos sentíamos, cuando llegó mi turno  comencé a llorar, todos me escuchaban mientras decía lo difícil que era mi vida, y les relataba lo sucedido a mi hermano, las jóvenes que estaban en mi clase se acercaron a mí y me hicieron sentir como si me conocieran de toda una vida, compartieron conmigo lo maravilloso que era el evangelio de Jesucristo, y las bendiciones que venían por medio de él, en especial las bendiciones eternas del templo, en ese momento recibí la segunda invitación para visitar la Iglesia, ellas me dijeron:  “Necesitas del Señor en tu  vida y tu vida cambiará”. Ese dia sentí mucho alivio.  

Agradezco a mis compañeras de clase que dejaron sembrada en mí esa pequeña semilla, ellas tuvieron fe y actuaron aún sin saber si la semilla daría frutos.

Un día tomé la decisión de visitar la Iglesia, me levanté y fui con mi hijo a una de las capillas que tienen. Cuando llegué, la capilla era como un sueño para mí, subimos el ascensor y llegamos hasta el tercer piso, entre al salón y un señor discursaba, empecé a escucharlo e inmediatamente comencé a llorar, sentí que mis dudas eran disipadas. El Obispo del barrio me preguntó mi nombre y de dónde venía, me sentí muy bendecida y querida por todos los que estuvieron allí, sentí un calor especial, una gran compañía, todas esas personas, me brindaron la mejor bendición de mi vida, una que nunca encontraría en otro lugar, el ser miembro de la Iglesia de Jesucristo.                                                                    

El 11 de octubre del 2008, poco tiempo después de haber concluido las clases, tomé la decisión de bautizarme en la Iglesia. Desde ese momento, mi vida ha cambiado, siento la paz que nunca pensé que llegaría a sentir.  Un mes después el 8 de noviembre mi hijo fue bautizado y desde ese momento hasta el día de hoy hemos permanecido firmes como miembros activos de la Iglesia.

He recibido grandes bendiciones, entre ellas ir al templo y hacer las ordenanzas vicarias por mi hermano. Mi  hijo es un hombre joven de 17 años que posee el Sacerdocio Aarónico al grado de presbítero, consultor de genealogía en el barrio y se está preparando para servir una misión de tiempo completo, una vez concluya la secundaria.

Terminé mi carrera de licenciatura en informática en el 2013 y tengo la oportunidad de servir en la Iglesia como Especialista de Recursos de Empleo del barrio al que pertenezco. Amo esta Iglesia, sé que Jesucristo vive y que una primavera del  año 1830, el evangelio fue restaurado.

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En mi camino a la preparación académica, estoy agradecida de que Dios no solo tenía el plan de que adquiriera conocimientos seculares, él tenía para mí una perla de mayor valor, el evangelio de Jesucristo.