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La fe acompañado de obras produce milagros en el campo misional

La fe acompañado de obras produce milagros en el campo misional

La obra misional es el lugar perfecto para los jóvenes ejercitar diariamente su fe en Jesucristo, el tener que actuar constantemente bajo la guía del Espíritu Santo  les conduce a experiencias donde la mano del Señor puede verse claramente. La siguiente experiencia del Élder Polanco  y  Élder Cárdenas, quienes sirven en la Misión República Dominicana Santo Domingo Oeste, es un ejemplo de que cuando ejercitamos nuestra fe mediante las buenas obras los milagros comienzan a ocurrir.

El Distrito de Barahona se preparaba para llevar a cabo su conferencia, Élder Polanco y Élder Cárdenas habían establecido la meta de llevar 20 investigadores de la zona de Cabral, un pueblo ubicado a 25 kilómetros de la ciudad de Barahona, donde está ubicado el edificio de la Iglesia donde se llevaría a cabo la conferencia. Era una meta muy elevada, parecía inalcanzable, sin embargo estos jóvenes misioneros tenían la fe  y la certeza de que si trabajaban con todas sus fuerzas podrían ver el milagro.

Élder Polanco decidió implementar la fórmula Fe+Obras=Milagros mientras se preguntaba, ¿cómo podían obrar siendo que ya tenían fe para que el milagro ocurriera?

Comenzaron a trabajar en su meta, hicieron los arreglos para  conseguir un vehículo para trasladar a los investigadores. Élder Polanco sabía que habían algunas acciones que ellos como misioneros necesitaban hacer, así que él por su parte decidió empezar un ayuno un día antes de la conferencia  y luego salió a trabajar con su compañero para repasar con las personas la invitación del día domingo, sin duda el decidir ayunar fortaleció la fe de este misionero y le motivo a continuar adelante en sus esfuerzos, el ayuno y la constante oración eran las herramientas que necesitaban para seguir adelante.

Llegado el día domingo se levantaron temprano y salieron al pueblo de Cabral a las 8:00 a. m., el desafío era buscar  los investigadores uno por uno. Cuando pasaron por la primera casa la persona dijo que no podía asistir,  en la segunda casa que visitaron también les dijeron que no asistirían, sin embargo  para Élder Polanco su fe y confianza estaba puesta en el Señor y sabía que el milagro habría de ocurrir, no sabía cómo, pero sabía que habían hecho todo lo posible. Habían orado y personalmente él había empezado un ayuno y sabía que el Señor les bendeciría y obraría el milagro.

Siguieron adelante y fueron a la tercera casa a buscar un investigador de unos 70 años de edad, quien tenía su fecha bautismal elegida, cuando tocaron su puerta les abrió y  para  sorpresa  de ellos estaba con un pantalón fino de color marrón y su camisa blanca y  recibió a los misioneros preguntándoles , ¿Debo de llevar mi Libro de Mormón, cierto?, Élder Polanco cuenta, estábamos llenos de felicidad porque sabíamos que era una bendición de Dios, le dijimos , claro hermano, no puede dejar su espada y él con una sonrisa buscó su Libro de Mormón y entró en el vehículo. Desde ese momento el Señor hizo llover los milagros pues a cada casa a la que íbamos nos esperaban listos y con sus Libros de Mormón en las manos. Recogimos todos nuestros investigadores y nos fuimos a Barahona, mientras íbamos en el camino, comenzamos a contar y llegamos a  saber que habían 19 Investigadores y la meta había sido 20, mi compañero me comentó, Élder Polanco, excelente 19 investigadores, aunque estaba feliz aún sabía que habíamos pedido al Señor que fueran 20 investigadores  y no 19, aun esperaba por este milagro. Continúe ejercitando mi fe por lo que habíamos pedido, no sabía cómo sucedería el milagro de los 20, sabía que mi compañero también tenía la misma meta en su corazón y que el Espíritu le diría a él también como encontrar ese milagro, confiaba plenamente en la revelación directa de mi compañero y la que yo podía recibir.

Llegamos a la Conferencia, nos desmontamos del vehículo y en ese momento mire al chófer que nos trasladó y con toda la sutileza y delicadeza el Espíritu me susurro, invítalo,  él es el milagro de los 20 que esperaba, sin demora fui y con la fe puesta en mi Salvador le invite a que se quedara con nosotros y como respuesta a mi invitación y para mi asombro el hermano dijo, sí, claro, con gusto me quedare a escuchar.

Como misioneros sabemos que el Señor vive, que él nos ama y escucha las oraciones cuando son justas, nuestros testimonios de que Él vive, y nos ama se han fortalecido por medio de estas experiencias. Es nuestro deber trabajar en Su viña hasta que Él venga por segunda vez.

Ese día asistieron a la conferencia en total 24 investigadores, 20 de Cabral, 3 de  Palmarito y 1 de  Barahona y cada uno de ellos de seguro con una historia de Fe+Obras=Milagros que contar.