Saltar navegador principal

A su debido tiempo

Familia Quezada Cerda

Crecí en Santo Domingo en una familia cristiana evangélica. Luego de haberme casado y tener mis hijos, me separé y fui a vivir a casa de mi hermana en la ciudad de La Vega.  Mi cuñado y mi hermana me invitaron para que recibiera los misioneros, acepté que me enseñaran sobre el evangelio y Dios me dio el privilegio de abrir mis ojos espirituales para ver cosas que me confirmaron la veracidad de la Iglesia.

Decidí bautizarme y todo iba bien hasta que mi hermana me habló del bautismo por los muertos, doctrina que no acepté e hizo que rechazara todo lo que había convenido vía la ordenanza del bautismo. Me mudé de La Vega con mis tres hijos y continué asistiendo a la Iiglesia evangélica que anteriormente visitaba. Fue así que conocí a un pastor evangélico con quien luego me casé. Mi esposo y yo nos convertimos en pastores de dicha Iglesia.

Pensé que todo estaba bien en cuanto a mi vida espiritual, hasta que un día soñé que fui invitada a asistir al templo, así que al día siguiente llamé a mi  hermana para contarle, quien me testificó sobre las ordenanzas que se llevan a cabo en ese lugar, ese día ella me indicó que yo un día entraría en el templo, cosa que yo dudé ya que era una pastora evangélica y había jurado que nunca dejaría mi fe nuevamente.

Mi hermana me invitó a orar nuevamente y sentí que debía mandar a buscar una hermana de la Iglesia  para conversar un poco más sobre algunos principios del evangelio, ella me habló justamente del bautismo por los muertos y en esta ocasión fue diferente, pues al escucharle sentí una paz inmensa e inmediatamente me di cuenta del error que había cometido al apartarme de la Iglesia.

Dios contestó nuevamente mis oraciones, sin embargo, esta respuesta y la decisión a tomar traería muchas discusiones con mi esposo sobre las doctrinas del evangelio, quien siempre me cuestionaba,  yo solo le decía: “Yo sé que esto es verdadero”.

Decidí ir a la Iglesia y él comenzó a llevarme y se quedaba escuchando. Durante dos meses ayuné y oré por mi esposo para que él también pudiera aceptar el evangelio, hasta que un día, sábado 23 de julio, nos invitaron a un bautismo de la Iglesia y nos pidieron que fuéramos con ropa de domingo, para mi sorpresa cuando llegué a la capilla los misioneros me dijeron que mi esposo era quien se bautizaría, fue de gran gozo para mi saber que mi Padre Celestial había contestado mis oraciones. Ahora mi esposo, mi hija y su esposo juntos a sus dos niñas, somos miembros de esta maravillosa Iglesia. Espero y sé que mi Padre Celestial completará lo que ha empezado en mi familia. Estamos felices porque muy pronto podremos sellarnos como familia por el tiempo y las eternidades.
 


 


En todas las decisiones importantes de nuestra vida, lo más fundamental es hacer lo correcto. Segundo, y tan sólo un poco más atrás que lo primero, es hacer lo correcto en el momento oportuno.

Por el Élder Dallin H. Oaks Del Quórum de los Doce Apóstoles